• 9 de agosto de 2016
es

Visitando a Dios en los enfermos

Costa Rica, julio 2016

Extracto de la carta de Hna Diana, argen­tina, en misión en el Punto Cora­zón de Costa Rica.

En estas sema­nas he hecho la expe­rien­cia que cuando visi­ta­mos a nues­tros amigos, es a Dios a quien visi­ta­mos.
Como nues­tro amigo Don Carlos tiene 43 años y que padece de insu­fi­cien­cia renal y desde hace 4 años está luchando porque está en la fase ter­mi­nal, gra­cias a las diá­li­sis que recibe cada día Dios le per­mite vivir un poquito más.

Cada semana cuando visi­ta­mos a esta fami­lia puedo sentir la ale­gría y la paz que reina y que habita en esta casa, y per­ci­bir el amor mutuo en la ale­gría como en el dolor, es muy her­moso ver que dia­ria­mente sobre­lle­van esta cruz que les toca cargar. Su esposa tra­baja duro para poder man­te­ner su pequeña fami­lia para que no les falte nada, para que sus hijos puedan seguir estu­diando, ella tra­baja mucho, pero al mismo tiempo está muy pen­diente de Don Carlos y de sus hijos, es una mujer de fe que lucha y camina; siem­pre dice que es Dios su fuerza, su for­ta­leza y el que le da sen­tido a sus días.

Para Don Carlos sus días no son fáci­les, me ima­gino que a veces es difí­cil guar­dar la espe­ranza en su cora­zón, pero la verdad es que es un hombre que men­diga y cree, siem­pre dice que es la ora­ción lo que le da la fuerza que él nece­sita. Un día me dijo: “her­mana usted sabe que gra­cias a mi enfer­me­dad he podido volver a Dios, a per­ci­bir su pre­sen­cia en mi vida, des­pués de años sin haber reci­bido a Jesús Euca­ris­tía, el Señor me ha dado la gracia de poder acer­carme a él y poder vivir mi dolor junto con él, cer­quita de él, yo no estoy solo en esto”, me dice él con un rostro lleno de dolor, pero a la vez lleno de Fe. Ellos son muy humil­des viven de una manera muy simple, y a pesar de todo están todo el tiempo dán­dole gra­cias a Dios por lo que tienen, por lo que son, por la vida.

Siem­pre están feli­ces de vernos llegar a su casa porque dicen que noso­tros somos como de la fami­lia, que ellos se sien­ten amados por noso­tras y muy agra­de­ci­dos por esta amis­tad, “fruto del amor de Dios que nos da ver­da­de­ros Amigos, porque ahora que estoy enfermo -dice Don Carlos- muchos amigos han desa­pa­re­cido y tam­bién fami­lia­res, desde que estoy enfermo todos han desa­pa­re­cido, uste­des son mi fami­lia porque me aman con los ojos de Dios, cuando uste­des me visi­tan ya no me acuerdo de mis dolo­res, de mi sufri­miento, de mi enfer­me­dad, es como una cari­cia de Dios, yo me siento Amado por uste­des y esto es una ben­di­ción de Dios”.


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