• 26 de agosto de 2013
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“Yo almorcé con el Papa”

Marcelo Galeano, argentino, ex-misionero del Punto Corazón de la Sagrada Familia (Bahia, Brasil) en 2009-2010, trabajó en el sector de traducciones de la JMJ Río y fue uno de los 12 jóvenes que almorzaron con el Papa Francisco. El nos cuenta sus impresiones sobre este almuerzo fuera de lo común.

Marcelo, ¿cómo fue el almuerzo con el papa Francisco?
Ha sido algo muy simple y al mismo tiempo bien intenso. Éramos 12 jóvenes de diferentes partes del mundo, la mayoría trabajando en el COL (Comité Organizador Local). Fue bien simple, un pastor, un padre. Lo primero que hizo llegando fue saludarnos personalmente, como si ya nos conociera. Después nos sentamos y dijo: «pueden hablar de lo que quieran, hacer las preguntas que quieran, es el momento. Y si hay algo con lo que no están de acuerdo en lo que voy a decir, entonces díganlo. Yo vengo también a escuchar sus opiniones y lo que ustedes piensan.»

¿Cómo comenzó el encuentro?
Cuando él llegó nos fuimos presentando y en el momento de sentarnos cada uno pudo hablar un poco de sí mismo, de dónde venía, lo que había hecho. Lo que a él le interesaba era saber «cuál es su compromiso en el seno de la Iglesia», entonces le dije que yo estuve de misión con Puntos Corazón, y es ahí que, como acordándose de nuestro movimiento dijo: «Ah si, Puntos-Corazón…», y yo le hablé también de mi camino desde de la escuela hasta el COL.

¿De qué hablaron después, durante el almuerzo?
De todo. Algunos temas habían sido ya abordados el jueves y en sus audiencias privadas. Retomó también puntos que iba a desarrollar luego en la vigilia del sábado y en la misa final. El nos dijo de su preocupación por los jóvenes, por el camino que ellos recorren hoy en día. También nos habló del cambio en la Iglesia, de lo que debe cambiar, y nos escuchó mucho, estaba preocupado por nosotros.

¿Habló de la reforma de la Iglesia?
Dijo que eso va a tomar tiempo. Pero que «no es sólo una cuestión de cambio de estructura, es más un cambio de mentalidad». El habló de lo que iba a decirles a los obispos, que ellos no debían tener «la psicología de príncipes», que ellos debían «salir y tener un corazón más pastoral», y no quedarse en la sombra sin moverse más. Nosotros le dijimos que sentíamos un cambio entre Benedicto XVI y él, un cambio notable y le preguntamos cómo a través de la historia de la Iglesia, los concilios, los Papas, cómo discernieron lo que debía cambiar, lo que había cambiado ya, lo que se había perdido y lo que se había cambiado.
Primero habló de la contribución de Benedicto XVI en el estudio de la relación entre fe y razón, cuan importante ha sido y que él también iba a continuar en esa vía.
Luego agregó: «Del pasado se percibe las huellas de los pasos, del futuro se perciben las promesas, pero Dios es del presente. Aquí y ahora. Aquel que quiere quedarse en el pasado está equivocado. La Iglesia debe cambiar pero no porque yo lo quiera sino porque ella lo necesita. Ella debe dar respuestas a las necesidades y preocupaciones del hombre del tiempo en el que vive. Por lo tanto ella tiene que cambiar. No se puede vivir en el siglo IV, estamos en el siglo XXI».
«No depende de mi, la historia se mueve hacia adelante, esto es un hecho que está más allá de mí».

¿De qué otro tema importante hablaron?
Se habló de cuan importante es hoy para nosotros tener personas que nos acompañen, él nos dijo: «es necesario que ustedes encuentren personas de confianza que los ayuden en su vida de fe. Yo como Papa también lo necesito. No podemos vivir solos. Es una necesidad tener acompañantes, consejeros, porque no podemos vivir solos. Yo como Papa no sé todo, necesito personas que me acompañen. Es por eso que creé comisiones para las reformas y además tengo mi confesor ».
Hubiéramos querido hacerle más preguntas pero estábamos como suspendidos a sus palabras, yo pensaba «quiero preguntar tal o cual cosa”, y al mismo tiempo «no, mejor que él siga hablando, yo no puedo interrumpirlo, es tan apasionante».

¿Se planteó el tema de la juventud de hoy?
Habló del mundo en el que vivimos, de este mundo al que le falta humanidad, retomó lo que dijo antes: «es un escándalo internacional cuando la Bolsa baja un punto pero nadie dice nada cuando una persona muere de hambre».
Al fin del encuentro dijo algo que nos hizo llorar a todos. Una chica le preguntó sobre el sufrimiento, ella vive en una familia donde hay un niño con problemas de corazón, por lo que preguntó: «¿Cómo es posible que un niño sufra así? ¿Dónde está Dios?”. Y entonces el Papa dijo: “¿Por qué piensan ustedes que el inocente sufre en el mundo? ¿por qué? ¿por qué hay jóvenes que se matan y personas que mueren? Encontrarán las respuestas cuando sus corazones lloren por ellos y entonces sin ninguna duda estarán más cerca del corazón de Dios».
De hecho nosotros lloramos todos: «Ustedes están viviendo grandes emociones en este momento, eso se ve», « No olviden que son privilegiados si están hoy aquí ».
También nos dijo: «Los jóvenes están disponibles para trabajar en la Iglesia pero a veces hay tanta burocracia que los desanima. Cartas para esto, cartas para aquello... y terminas enojado». Nos contó esta anécdota: «Yo conozco un padre en Argentina que renovó su parroquia solamente comenzando a ir a repartir comida en la calle. La comunidad parroquial lo acompañó y el clima cambió, las personas se volvieron más interiores, más fervorosas… pero imaginen si un joven llega y lo primero que se le dice es: « ¿te has confesado? ¿has comulgado, estuviste en la misa el domingo, vives con alguien? Si le haces esas preguntas es como si le dijeras: «¿Eres digno de hacer alguna cosa? ». Le haces merecer su entrada a la Iglesia ».
Dijo que lo peor para un joven es «no encontrar el sentido. Si no le das un sentido lo matas».

¿Les quiso transmitir algo, insistió en algún punto en particular?
Nos alentó: «Vuélvanse protagonistas de su propia vida». Nos decía: «Hoy tenemos un problema grave. La deshumanización de las personas, la cultura de lo desechable, aquel que no sirve se tira. Muchos jóvenes son excluidos. Los jóvenes y las personas mayores». Lo había dicho ya en la catedral con los jóvenes argentinos pero lo retomó con nosotros: «No se puede excluir a los jóvenes y a las personas mayores ya que son los dos pilares de la sociedad: los jóvenes son la fuerza del futuro, aquellos que llevan la utopía a la sociedad; y las personas mayores transmiten la sabiduría. Hay que cuidarlos».
A una cuestión sobre la vocación él nos aconsejó: «ustedes tienen que ser acompañados por personas de confianza. Y también que rezar». Y con humor, nos dijo:«Pero, ¡cuidado de no caer donde un cura amargado en su ministerio! ¡Desconfíen también de los padres demasiado apasionados pues ellos querrán embriagarlos para hacerlos automáticamente sacerdotes! ¡Encuentren padres entre los dos extremos! ¡La misma cosa digo de las hermanas!».
A una pregunta sobre la misión, insistió mucho en que «hay que encontrar a las personas donde ellas están. Es necesario mostrar a la gente cómo vivir la fe allí donde estén. No pienso que tengamos que sacar a la gente de su medio para enseñarles la fe sino más bien ir a encontrarlos allí donde están: en la calle, en sus casas, en las cárceles, en los hospitales. Hay que ir. Tenemos que ir a su ambiente, aprender a vivir de la fe aquí y ahora.».

¿Qué pudiste percibir del Papa en este tiempo con él?
Lo sentí un hombre interior, un hombre de oración. No es un hombre de poder. El hace chistes, nos dijo, por ejemplo: «Deben escuchar, bueno, no hagan como yo que escucho tan poquito al Espíritu Santo. Pero bueno, yo no sé, tengo que aprender cada día».
Parece preocupado por la felicidad y la dignidad de todos los hombres antes que todo proselitismo, más allá de toda religión o condición social…

¿El hecho de escuchar no les quitó el apetito?
Al contrario, ¡nos comimos todo! ¡Teníamos mucho hambre! Y el también. Finalizamos con algunas preguntas sobre nosotros y el concluyó: «¿Cuándo están mal ustedes dónde van? Un niño va siempre a los brazos de su madre, entonces ahora cada uno en su lengua va a rezar un Ave María».
Luego escuchamos un ruido afuera y él nos confiesa un poco triste: «Bueno, es el final, la policía está en la puerta…» pero como apareció una hermana con café, él dijo: « Súper, tenemos café, hay todavía un poco de tiempo ».
Se fue a las 14:00 hs. ¡Nuestro almuerzo duró una hora y media!.

Y después, ¿qué pasó?
En medio de la multitud nos llevaron a un bus enorme, rodeado de policías. Nos trasladaron a Copacabana para una conferencia de prensa. Una jauría de periodistas nos seguía corriendo. Tuvimos que pasar mucho tiempo respondiendo a sus numerosas preguntas. Mi celular no dejaba de sonar. Perdí la cuenta de las entrevistas dadas.
Si fuera necesaria una palabra para calificar este encuentro es «simplicidad» la que se me viene al espíritu. Y al mismo tiempo estuvo excepcional.


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