• 10 de mayo de 2012
es

Visita a Amelia en el geriátrico de Brooklyn (EEUU)

Natalia durante una visita en Brooklyn, feb.2012

de Natalia F., Brooklyn, NY.

"Amelia es brasilera y debe tener unos 78 años, su piel es suave como la de los bebés. Mi amiga está conectada a un tubo en su estómago que la alimenta, ya que no puede ingerir nada. Está sola en una cama, en el segundo piso de un geriátrico, en un país extranjero.
¡Ay! ¡Cómo hallar las palabras justas para que puedan representarse justamente a mi Amelia! ¡Cómo me gustaría ser poeta para dibujársela en expresiones que les dejen percibir todo el misterio que ese pobre cuerpecito exhala!

Son sus ojos y todo su rostro que nos dejan adivinar si está bien o no, ya que Amelia no pronuncia palabra alguna. Tuvo un derrame hace un par de años que la ha dejado sin la capacidad del habla. Sólo emite sonidos con su boca; ¿será que ella es consciente de que no se le entiende nada? ¿O cree ella que está pronunciando palabras cuando “intercambiamos” noticias cada vez que la visito? ¿Cómo saberlo?
Todo lo que sé sobre Amelia me viene, pues, como herencia de algunos miembros de la comunidad que la han visitado antes de que yo llegue. Su asistente social me ha dicho que ha intentado descubrir un poco más sobre ella y ver si logra contactar a alguien de su familia. Pero no ha hallado nada. ¿Cómo llegaste aquí, amiga? ¿Cuál ha sido tu historia hasta hoy?

Como cada miércoles, me acerco a la cama de Amelia. Hoy, ella duerme. Intento despertarla, pero está muy cansada. Así que la dejo dormir y me siento a su lado. Y allí paso 20 minutos, ¿o fueron 30? ¿o fue toda una semana? Perdí noción del tiempo. Me quedé sentada ahí junto a aquella cama en el segundo piso del geriátrico… Me quedé sentada apretando la mano de mi amiga dormida, mirándola respirar tranquilamente…
Sentada, escuchando mi corazón gritar: “Señor, no fue para esto que fuimos hechos, ¡sin duda alguna! No fue para la soledad, no fue para el exilio, no fue para el sufrimiento y la enfermedad… ¡no fue para la muerte! Señor, en esta tarde, quizás más que nunca, todo mi ser reconoce cuanta necesidad tenemos de un Salvador… reconoce cuanto toda nuestra pobre humanidad grita con cada respiración de Amelia: Ven, ven, rasga los Cielos y desciende!!! ¡Ven a vivir entre nosotros! ¡Ven a librarnos de todo esto que no corresponde a nuestra verdadera estatura humana! ¡Ven y asegúranos que somos amados! ¡Ven y asegúranos que no estamos solos! ¡Ven y que esta necesidad de saber que el dolor y la muerte no tienen la última palabra se materialice y nos done nueva Esperanza!”


Volver