• 22 de enero de 2014
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¡Viajar!

Kasimode, India © Puntos Corazón

Viajar se ha vuelto algo común. Ya no es un acontecimiento, sino más bien una distracción o una obligación. Ni bien se sale del avión vamos a un hotel -un hotel para turistas-, fotografiamos, frecuentamos los cafés, caminamos en las calles del centro, escuchamos a los guías y creemos que conocemos China, India o Senegal o, como se dice hoy, «hicimos» China, India o Senegal.
Lo que en realidad nos enseña el viajar es más bien nuestra gran ignorancia, como nos lo previene Osamu Dazaï en País Natal: «En lo que concierne la ciudades y los pueblos que he visto en mi viaje, desearía no dármela de especialista disertando sabiamente sobre topografía, geología, astronomía, economía, historia, educación, higiene, etc. Y si abordo estos temas, no es mas que basándome en rápidas investigaciones: como un simple barniz que para nada me enorgullece. Quien quiera saber más, debería más bien interrogar a aquellos que estudiaron esta región».
Si la fecundidad de nuestros viajes no es entonces proporcional al número de conocimientos adquiridos yendo aquí o allá, o a la cantidad de emociones que hemos sentido, ésta sin embargo está en relación con la calidad de los encuentros que hemos hecho. Es de lo que se jacta nuestro autor japonés - y cuanto nos gustaría hacer nuestras sus palabras: «mi especialidad es otra: aquello que por falta de un termino más adecuado llamamos comúnmente el amor. Los encuentros entre los corazones es el objeto de mis investigaciones: y este viaje me ha permitido, esencialmente, profundizarlas».
Todos aquellos que tienen que ver con la aventura de Puntos Corazon, de una manera o de otra, son arrastrados a un viaje. Los que parten como los que se quedan. Un viaje que los empobrece realmente. Pero también un viaje que puede colmarlos si es más que un viaje, si este viaje es un peregrinación, es decir un auténtico encuentro con Dios, un descenso en lo más profundo de sí y una atención compasiva por todos.


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