• 7 de abril de 2014
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Vernissage e instalación de P. Edouard

Muchos de uste­des vinie­ron al ver­nis­sage orga­ni­zado en la Casa San Luis para marcar el inicio de mi misión como cape­llán de la comu­ni­dad cató­lica de habla fran­cesa en Buenos Aires. ¡Gra­cias por su pre­sen­cia y por ayu­darme con tanta gene­ro­si­dad! Per­mi­tanme trans­mi­tir­les una parte del dis­curso que P. Gui­llaume Tri­llard, mode­ra­dor gene­ral de Puntos Cora­zón, hizo para pre­sen­tar mi misión y hacer el vínculo entre el sacer­dote y el arte:

El sacer­dote está lla­mado a hacer pasar este mundo, con Cristo, hacia el Esca­tón, lo Defi­ni­tivo. Es un gran mis­te­rio que lo sobre­pasa mucho, un gran desa­fío.

Con los años que pasan, per­cibo lo difí­cil que es para el sacer­dote per­ma­ne­cer fiel y des­pierto. El peso de su propio pecado, su con­fu­sión, su ina­de­cua­ción al “Opus Dei”-la obra de Dios en la Litur­gia, en los Sacra­men­tos-, todo puede des­viarle de su propia misión y des­va­lo­ri­zarlo. Como muchos artis­tas que pare­cen hun­dirse en un arte repe­ti­tivo, chato, comer­cial, el sacer­dote es ace­chado por este mismo riesgo.

Cuando esta des­pro­por­ción se vuelve para­li­zante, el sacer­dote encuen­tra en sus amigos artis­tas un gran apoyo. Esta capa­ci­dad propia a los artis­tas de hacer cantar la mate­ria, la de un sonido, de un color, la del oro pre­cioso o del viejo trozo de madera reco­gido en la playa, la de un papel kraft trans­for­mado en movi­miento sus­pen­dido, aéreo, la de un piano anti­guo, todo eso lo coloca frente a la esen­cia del sacer­do­cio: “Hacer pasar este mundo al del Padre”, pro­nun­ciar sus pala­bras recrea­do­ras: “Este es mi cuerpo, este es mi sangre”, a exten­der las manos para invo­car al Espí­ritu Santo y su obra san­ti­fi­ca­dora, a pres­tar sus labios para decir Padre Nues­tro en una inter­ce­sión y una acción de gra­cias reco­men­zada con­ti­nua­mente. Media­dor con Cristo, entra poco a poco en ese lugar que Cristo indi­caba así a Sus amigos: “Allí donde voy, uste­des no pueden ir, pero allí donde yo estoy, uste­des esta­rán tam­bién”.

P. Edouard

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