• 25 de febrero de 2013
es

¡Un nuevo Punto Corazón en Italia!

Procida 2013 © Puntos Corazón

de Gué­naë­lle R.

El 10 de mayo de 2012, en el trans­curso de una cena a bene­fi­cio, se le pidió ofi­cial­mente a Padre Thie­rry fundar un Punto Cora­zón en la isla de Pro­cida (Nápo­les, Italia), para estar cer­ca­nos a los jóve­nes y sos­te­ner a las fami­lias que viven muchos sufri­mien­tos. Nues­tros amigos de la isla encon­tra­ron una casa y el 23 de sep­tiem­bre pasado inau­gu­ra­mos el Punto Cora­zón San Felipe Neri.

Por el momento, vamos dos días por semana. Cada jueves por la tarde, voy con dos amigas de los niños: Marie y Laure. Pasa­mos todo nues­tro tiempo visi­tando a los amigos que ya cono­ce­mos (desde hace cuatro años vamos a Pro­cida y la amis­tad nació con varias fami­lias de allí). Esta­mos sor­pren­di­das por su ale­gría, su aco­gida y la gran con­fianza que nos tes­ti­mo­nian desde que habi­ta­mos en la isla.

Reco­je­mos muchos llan­tos durante nues­tras visi­tas. Nues­tros amigos se con­fían en toda sim­pli­ci­dad. Vemos cuanto espe­ra­ban una con­so­la­ción.
Nues­tras veci­nas del edi­fi­cio habían sido rápi­da­mente con­quis­ta­das por los niños de nues­tro barrio de Afra­gola cuando vinie­ron, a prin­ci­pios de sep­tiem­bre, para seis días de cam­pa­mento. Las pri­me­ras visi­tas en sus casas fueron con­mo­ve­do­ras, es como si desde siem­pre nos habían espe­rado.
Una amis­tad empezó tam­bién con un pequeño grupo de muje­res búl­ga­ras que tra­ba­jan como muca­mas y que viven una sole­dad muy grande.

Para nues­tra gran sor­presa des­cu­bri­mos que nues­tra vecina, Tina, cono­cía Puntos Cora­zón desde hace tiempo. Hace seis años, tra­ba­jando como edu­ca­dora en un centro para niños cerca de Nápo­les, había encon­trado a Jean Marie y Mónica que visi­ta­ban a niños de nues­tro barrio “Sa­li­ce­lli” que esta­ban allí. Mar­cada por este encuen­tro, había guar­dado pre­cio­sa­mente la direc­ción del Punto Cora­zón y nos la mostró.
Nues­tros amigos nos hacen cono­cer tam­bién a otras fami­lias que atra­vie­san difi­cul­ta­des. Así, poco a poco, cono­ce­mos la rea­li­dad de la isla que detrás de su gran belleza esconde tantos sufri­mien­tos. Confío a su ora­ción esta fun­da­ción para que la amis­tad y la con­fianza crez­can con los jóve­nes que nece­si­tan tam­bién mucho de una pre­sen­cia.

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