• 12 de diciembre de 2012
es

¡Un nuevo Punto Corazón, en Polonia!

La comunidad fundadora con P. Thierry. Polonia, septiembre 2012

Desde el 5 de noviem­bre pasado, cuatro jóve­nes se han ins­ta­lado en la nueva casa para fundar el Punto Cora­zón de Var­so­via. Angie B., misio­nera de Santa Fe, nos com­parte sus pri­me­ras impre­sio­nes:

En cada edi­fi­cio cua­drado, sin color, se puede ver aso­mán­dose en la ven­tana a algún abuelo, alguna abuela con sus mira­das per­di­das, abs­traí­dos, mirando a la gente como sube o baja del tran­vía, del colec­tivo (micro), niños a quie­nes sus madres tapan los ojos para que no miren al borra­cho que está sen­tado en la entrada de lo que podría­mos llamar con­ven­ti­llo, mirada de agra­de­ci­miento cuando salu­das y das nada a esa madre extran­jera que tiene su niño pren­dido del pecho y se sube a cada tran­vía para men­di­gar unas pocas mone­das… que eso suceda en Lati­noa­mé­rica, puede sonar bas­tante normal, pero ¿en un país de la Unión Euro­pea?

Admiro muchí­simo a estas muje­res que cada día, con una tem­pe­ra­tura bajo cero, tienen el coraje de men­di­gar, de per­se­ve­rar sin ser mira­das, o cuando lo son es con desa­pro­ba­ción, con indi­fe­ren­cia… Me sor­prendo escu­chando miles de idio­mas por las calles de la Ciudad Vieja de Var­so­via, esos grupos de turis­tas que se pasean tomando fotos a la Cate­dral, a los edi­fi­cios de 600 años, con sus euros y sus dóla­res, que pare­cie­ran no ver a estas muje­res con sus niños, que si bien men­di­gan mone­das, quizás están refle­jando lo que todos men­di­gan, pero no se atre­ven a hacerlo; men­di­gan ser mira­das, para saber que exis­ten, que son alguien, que están vivas.

Pero la his­to­ria de Puntos Cora­zón Polo­nia no se limita a estos pocos meses que llevo aquí. Desde hace ya cerca de 10 años, hubie­ron varios volun­ta­rios pola­cos. Este año han sido 9.
Tam­bién hay un grupo de amigos artis­tas, algu­nos estu­dian­tes, amigos de ex volun­ta­rios y nuevos amigos que se suman a esta his­to­ria de com­pa­sión; como el sacer­dote y el vica­rio de la parro­quia, que nos ayudan mucho para que poda­mos entrar en el barrio, el mismo obispo, pres­tán­do­nos esta casa.

Cada día estoy más con­ven­cida de las pala­bras de la can­ción popu­lar argen­tina:
Entre a mi pago sin gol­pear….
Es oro la amis­tad que no se compra ni vende, sólo se da cuando en el pecho se siente, no es algo que se ha de usar cuando te sirva y nada más….

Angie B.

Volver