• 18 de diciembre de 2013
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¡Un nuevo Punto Corazón... en Atenas, Grecia!

La primera comunidad: Maria Pia, Maria, Ludivina, Irina y Vicentiu, junto a p. Gonzague- Noviembre 2013

Des­pués de la crisis de 2008, Grecia está bajo la mira de los medios; varios artícu­los fueron publi­ca­dos sobre la deuda del país y los pro­ble­mas socia­les que ésta genera -espe­cial­mente el alto índice de dese­m­pleo (28%). Esta situa­ción dolo­rosa nos ha con­du­cido a con­si­de­rar una fun­da­ción en ese país. Es así que los pri­me­ros volun­ta­rios: tres fran­ce­sas Maria Pia, Maria y Ludi­vina y dos ruma­nos, Irina y Vin­cen­tiu acom­pa­ña­dos por un sacer­dote fran­cés se ins­ta­la­ron el 6 de noviem­bre en Atenas.

El Punto Cora­zón San Juan de Patmos está situado a unos 30 minu­tos a pie al norte del centro de la ciudad. En ese barrio hay grie­gos, pero tam­bién nume­ro­sos inmi­gran­tes, sobre­todo del Congo y Nige­ria, que viven en una situa­ción pre­ca­ria. Las fami­lias grie­gas aunque dis­cre­tas se quejan de la crisis y de la falta de tra­bajo y los impues­tos que el gobierno debió implan­tar para palear el défi­cit. La clase media es la que sufre más de la crisis.
Allí los misio­ne­ros visi­tan un centro para peso­nas con dis­ca­pa­ci­dad, un centro de aco­gida para niños y ado­les­cen­tes refu­gia­dos de Siria y Afga­nis­tán, un centro de aco­gida para muje­res con sus niños y un asilo de ancia­nos.

Deje­mos la pala­bra a Maria Pia: «“To spiti tis kar­­dias inai stis Ellada!”. Para aque­llos que no hablan toda­vía griego esta es la tra­duc­ción: ¡Pun­tos Cora­zón está en Grecia, Ale­luya! Desde hoy por la mañana la comu­ni­dad está com­pleta: somos tres fran­ce­sas, un rumano y una rumana junto a P. Gon­za­gue que pre­paró nues­tra lle­gada. Debe­ría agre­gar una per­sona más... el padre Aleko, padre griego de nues­tra parro­quia, que en estos días de fun­da­ción pasa la mayor parte de su tiempo en el Punto Cora­zón. Con su gorra en la cabeza y sus manos en el yeso o la pin­tura se apa­siona por la res­tau­ra­ción de nues­tra casa. Sí, lo adi­vi­na­ron... ¡nos ha dado una cálida aco­gida!

¡La Pro­vi­den­cia nos pre­cede y acom­paña! Con­ta­mos con sus ora­cio­nes para que poda­mos estar a la escu­cha del Espí­ritu Santo y para que la volun­tad del Señor se haga en nues­tro barrio.»


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