• 6 de septiembre de 2016
es

Un mercado lleno de maestros de vida

Extracto de la carta de Hna Josette, de misión en El Salvador:

Quisiera compartir con ustedes un momento muy especial, lleno de vida y que me educa siempre. Se trata del trayecto en colectivo que nos permite ir hacia la capital pasando por el mercado de San Martín. Este ómnibus 144 es el lugar de inspiración por excelencia de mis cartas a los padrinos, porque es un lugar de vida en donde aprendo mucho sobre la vida cotidiana del pueblo salvadoreño.
La calle que atraviesa el mercado es muy estrecha y obliga al colectivo a disminuir su velocidad, esto permite de subir a los vendedores ambulantes para vender sus diversos productos (juegos para niños, memorias USB, frutas, cuadernos para aprender inglés, etc). Tienen una gran creatividad y humor para poder vender, como por ejemplo: “¿Tienen problemas de riñones? Nada mejor que beber una agüita fresca a 1 cora (0,25 centavos)”
Lo que más me sorprende llegando a San Martín, es ver esta abundancia de vida que florece en los puestos. Los hombres con su sombrero gritando: “pescado, papaya, tamales, …” Las mujeres llevando canastos enormes sobre sus cabezas con frutas y verduras, o todo tipo de mercadería, otras sentadas delante de los puestos, desgranando el maíz o el frijol.
<span class="caps">JPEG</span> - 442 KB ¡Cómo no mirarlas con respeto y admiración! Todas esas vendedoras hacen este mismo gesto fielmente todos los días, en el mismo lugar y a la misma hora, para poder mantener a sus hijos, en familias en donde muchas veces el padre está ausente. Su fidelidad y su perseverancia son un verdadero ejemplo. El rostro de esas mujeres tan marcado por el sufrimiento muestra que el peso que ellas llevan sobre su cabeza no es únicamente aquel de este enorme canasto, sino el peso de la vida y de la lucha cotidiana. Estas mujeres las miro como mis “maestros”, porque delante de las dificultades de la vida, ellas no bajan los brazos ni se rebelan, sino que intentan con su creatividad, encontrar los medios para salir adelante, haciendo cada día pequeños pasos de esperanza. Sus vidas me interpelan: “Y yo, ¿enfrento así las dificultades de la vida?, ¿hago pasos de fidelidad para avanzar, utilizando el don que Dios me dio? Pido a Dios la gracia de aprender de estos maestros que Dios coloca en mi camino.


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