• 11 de enero de 2013
es

Un año humano

Eglae (Arg) en Tegucigalpa, Honduras

de P. Thie­rry de Roucy

Hace poco, un amigo japo­nés, a su regreso de Tokio, nos con­taba que en estos días sus amigos evi­ta­ban desearle un “buen año”, temiendo que éste sea peor que el pre­ce­dente, en el cual se habían deseado mutua­mente que sea “bueno”.

¡Hasta qué punto este deseo de un “buen año” puede ser ambi­guo! A menudo es para noso­tros sinó­nimo de logros de todo tipo, o al menos de ausen­cia de catás­tro­fes, de dese­m­pleo, de enfer­me­dad, de mise­rias, de pri­sión, de pri­va­ción de la fami­lia…

En gene­ral se puede decir que desear un buen año a alguien sig­ni­fica soñar para que se rea­lice todo lo que él pueda desear: tener una buena salud, un tra­bajo que le inte­rese, una fami­lia que le dará satis­fac­ción, bienes sufi­cien­tes para vivir, la posi­bi­li­dad de rea­li­zar viajes. En el sen­tido inverso, es tam­bién desear a alguien que le sea evi­tado catás­tro­fes, enfer­me­da­des, dese­m­pleo, fra­ca­sos afec­ti­vos, depre­sión…

Para mí, un «buen» año es un año que per­mita a cada uno crecer en lo que es esen­cial para su huma­ni­dad: su capa­ci­dad de mara­vi­llarse delante de la rea­li­dad, su volun­tad de darse a sí mismo, de ofre­cer su sufri­miento, de unirse a Cristo... Un «buen» año será tal vez un año duro, tajante, o hasta cruel, pero será un año en el que per­ma­ne­ce­re­mos de pie en la espe­ranza, fuer­tes en la fe, fieles en el amor. Un año donde acep­ta­re­mos dis­mi­nuir para dejar que Dios crezca en noso­tros.

¡A todos les deseo un muy “buen” año! ¡Un año muy humano!


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