• 19 de agosto de 2014
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Testimonio de Daniela, de Honduras

Daniela en San Salvador, julio 2014

Daniela, es vecina del Punto Cora­zón de Hon­du­ras. Tiene 19 años y desde hace varios años fre­cuenta nues­tra casa de Tegu­ci­galpa; gra­cias a esta amis­tad, ha nacido en ella el deseo de reci­bir el bau­tismo y los demás sacra­men­tos. Daniela es parte de nues­tra fami­lia espi­ri­tual, por lo que le pare­ció muy natu­ral venir al Punto Cora­zón vecino en El Sal­va­dor apenas tuvo la edad; esta es la segunda vez que viene a que­darse un mes con noso­tros: “Por­que aquí tam­bién es mi casa” . Les com­par­ti­mos aquí el tes­ti­mo­nio de su expe­rien­cia en El Sal­va­dor:

“Co­nocí al Punto Cora­zón cuando tenia 13 años, desde esa edad no me he sepa­rado de ellos.

Al prin­ci­pio de este año fui a hacer mi pri­mera expe­rien­cia a San Sal­va­dor. El primer día fue muy emo­cio­nante porque fui por pri­mera vez al Hos­pi­tal Bloom a ver a los niños enfer­mos de cáncer. Fue impac­tante ver a esos niños sufriendo pero luchando por sus vidas. En ese primer viaje conocí a muchas per­so­nas de la colo­nia que me tra­ta­ron muy bien, es lindo sentir que hay per­so­nas que aunque no te cono­cen te acogen bien en sus casas.

Lo fun­da­men­tal en una expe­rien­cia Puntos Cora­zón es la vida de ora­ción: tener ese tiempo para estar con el San­tí­simo, hablar con él, es lo que te man­tiene en una misión así.

En mi segunda expe­rien­cia fui a un retiro de silen­cio. Como era la pri­mera vez fue un poco difí­cil para mi al prin­ci­pio, pero me gustó mucho. Cuando llegué a la colo­nia quería ver a todos mis amigos, a los niños, espe­cial­mente a Kar­lita es una niña que ha tocado mucho mi cora­zón por la ale­gría que tiene, por estar siem­pre muy pen­diente de los volun­ta­rios. Cuando regrese al hos­pi­tal Bloom conocí nuevos niños, y la verdad fue la parte de mi expe­rien­cia más dura porque me duele ver a todos esos niños sufriendo con sus tra­ta­mien­tos. Me gusta jugar con lo niños y tam­bién tomar un tiempo para hablar con los padres y darle ánimo. Cada momento de la vida en Puntos Cora­zón es un acto de fe, la vida como volun­ta­rio en Puntos Cora­zón no se puede des­cri­bir, es algo que la las per­so­nas que tienen espí­ritu misio­nero tienen que des­cu­brir por si mismas, y les agra­dezco mucho a la comu­ni­dad de Punto Cora­zón Faus­tino Pérez y a las Her­ma­nas por darme la opor­tu­ni­dad de tener esa gran expe­rien­cia, per­so­nas como ellos se nece­si­tan en todos los países.”

Daniela


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