• 29 de octubre de 2010
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Testimonio de Brenda desde El Salvador

¡Mira!, dice un día Dios mirando la tierra, he aquí algunos hombres que, como mi Madre, miran con una mirada de amor, y sus ojos sobre la tierra son como estrellas. ¡Seguramente que allí abajo no tardaran en decir que están locos!”
(“Hacer… Hacer… Siempre Hacer!...”El poder del amor simple. Padre Thierry de Roucy.)

Que­ri­dos Padri­nos, Amigos, Fami­lia y Her­ma­nos en Cristo:
¿Cómo están uste­des? Dios quiera y per­mita, que bien. Bueno, empe­ce­mos a vivir estas his­to­rias y amis­ta­des que de uste­des y mías… en fin de todos…

“Ellos son de Punto Cora­zón…”
Así dice Niña Paquita (doña Fran­cisca), cada vez que la lle­va­mos al médico. Niña Paquita vive con su fami­lia (hijos y nietos y si es posi­ble bis­nie­tos) sus hijos no se preo­cu­pan por ella, así que ella sale a pedir un plato de comida a algu­nos amigos que la cono­cen.
Noso­tros estos últi­mos meses la acom­pa­ña­mos al médico ya que está mal de salud, mas porque sufre del cora­zón, así que el doctor cuando la vio la retó un poquito porque dejó de asis­tir un año al médico, fal­tando prin­ci­pal­mente a sus con­tro­les del cora­zón. Así que el doctor le pre­guntó a la Niña Paquita de que si noso­tras éramos sus hijas, apenas ter­mino de for­mu­lar su pre­gunta, la Niña Paquita le res­pon­dió: -ellas son de Puntos Cora­zón, que están en la colo­nia (barrio) Iberia, ellas están ahí para jugar con los niños y ayudar a los abue­li­tos. Son unos ange­li­tos, ellas me acom­pa­ñan al médico-. Y cada per­sona que se encuen­tra en la clí­nica le dice lo mismo, y se acuerda muy bien de todos porque desde que se fue Pablo siem­pre dice – ¡ah! El her­mano Pablo siem­pre me acom­paño al médico. Qué bueno que era el her­mano Pablito-.
Para noso­tros la Niña Paquita es nues­tra abuela, la abue­lita del Punto y la más mimada… les pido que recen por todos los abue­li­tos que se encuen­tran solos para que no les falte de comer… (...)

Un Ángel al cielo: Les voy a pre­sen­tar un Ángel que ya está en el cielo… el se llama Mario de unos 12 años un gran ami­guito nues­tro, lo cono­ci­mos un día en que Analía lle­vaba de visita unos amigos fran­ce­ses, en ese cami­nar Dios deci­dió que encon­trá­ra­mos a Mario, así que una señora la saludó ale­gre­mente a Analía y le empezó a contar que ella no vivía allí, pero que estaba ahí por que cui­daba de Mario. Apenas entro Analía a la cham­pita (casa de chapas) Mario saludó con una gran Ale­gría diciendo -¡Pun­tos Cora­zón! ¡Yo jugaba con uste­des cuando venían los sába­dos! ¡Yo conozco a Diana, a Benito, a Aleth…!- estaba pos­trado en una cama, casi ciego y casi para­li­zado debido a un tumor en el cere­bro que le habían des­cu­bierto 2 meses atrás. Él nos expli­caba que aún con todo el tra­ta­miento, la enfer­me­dad pro­gre­saba.
Siem­pre pasá­ba­mos por su casa para saber cómo él estaba y nos reci­bía con una gran ale­gría. A pesar de lo ope­ra­ron unas 3 veces el tumor siguió cre­ciendo, lo acom­pa­ña­mos cuando estuvo inter­nado en el hos­pi­tal Ben­ja­mín Bloom, luego en UCI (Unidad de Cui­da­dos Inten­si­vos). Al igual que Faus­tino, Mario murió en brazos de su madre, y hasta el último momento guar­daba una son­risa para ella:-“nos dejó una gran paz” nos dijo su mamá en el velo­rio.

“Una igle­sia sin música es como un cuerpo sin alma”
Mis que­ri­dos padri­nos la reli­quia del cuerpo de San Juan Bosco estuvo en el pul­gar­cito de Amé­rica, así es paso por nues­tra colo­nia (barrio) y fue un gran evento para todos noso­tros, además ese día llovió como nunca, pero apenas bajo la urna de Don Bosco en la cancha (donde dio la vuelta) paró de llover y salió un her­moso sol ilu­mi­nán­do­nos a todos fue impre­sio­nante. Tam­bién quería con­tar­les que estuvo con noso­tros un ver­da­dero “gringo” (esta­dou­ni­dense) Carlos, un semi­na­rista Jesuita que pasó con noso­tros una semana. Como les decía es un ver­da­dero Gringo, ya que a noso­tros algu­nos amigos de la colo­nia nos dicen “los grin­gos” aunque ni nos pare­ce­mos. Al ver­da­dero Gringo le dije­ron que era Fran­cés o Espa­ñol jajaja… Recen por todas las voca­cio­nes… y por todos noso­tros… ¡Gra­cias!

Se me cuidan mucho, Salu­dos, Besos y Abra­zos

Fra­ter­nal­mente
Brenda- la gringa argen­tina


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