• 15 de octubre de 2012
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Senegal: «el rostro de la humanidad»

Alejandra y Celestine, Dakar- Octubre 2012

de Alejandra M., argentina, de misión en el Punto Corazón Sta. Mónica-Dakar

El otro día iba en un taxi, de repente un sentimiento extraño me invadió, no me sentí cómoda viajando en él, me dio la sensación de turista, como una distancia, una lejanía con el pueblo senegalés. ¿Qué hago acá? El taxi se queda parado un instante a causa del tráfico sobre la ruta, vi muchas mujeres sentadas cada una con su puesto de venta, una de ellas con su seno desnudo y un niño pequeño, desnudo a su lado, ella se queda con el seno al aire pues el niño puede ir cuando quiere a tomar el seno de su madre, yo me quedé mirándoles, en un momento me di cuenta que así como yo miraba al niño con el seno de su madre, de la misma manera la madre me miraba a mí. Una mirada que me hizo huir enseguida, una mirada y un entorno como el de Roublev que vio el rostro de la humanidad con sus trazos de fealdad y de belleza, un rostro sin esperanza en donde la mirada era un pedido, una súplica.

La respuesta a qué hago acá se volvió una evidencia, no sólo la mirada de aquella mujer pero la de todas las que encuentro infinitamente en la calle, miradas de todo tipo que me sacuden, que me ponen enfrente de una realidad de la cual no puedo huir, y no quiero huir. No puedo abrazarlos a todos, no puedo responder a cada súplica, soy demasiado pequeña y no tengo tanta fuerza; pero si pido la gracia a Dios de que al menos pueda responder a aquellas que me da cada día. Responder con generosidad, disponibilidad, alegría a mis hermanos de comunidad, a las familias que visito y a los niños que día y noche tocan a la puerta. Si yo respondo a cada mirada de súplica que me es dada y si mi vecino, o mi amigo o mi hermano responde a cada súplica que le es dada, finalmente se cumplirá lo que Madre Teresa de Calcuta dijo una vez: “Estas son mis 100 personas a quien doy de comer, ¿dónde están las tuyas?”.

Tal vez un día ya no veré estas miradas de súplica y de pedido. Tal vez un día ellas serán colmadas y la mía también.


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