• 4 de noviembre de 2015
es

Santos Luis y Celia Martin

Sta Teresita y sus padres

El domingo 18 de Octu­bre el Papa Fran­cisco cano­nizó a los padres de Santa Tere­sita. Les ofre­ce­mos algu­nas frases que pueden ayu­dar­nos a entrar en el mis­te­rio de este matri­mo­nio santo:

Santa Tere­sita: ”Dios me ha dado un padre y una madre más dignos del cielo que de la tierra”

Papa Fran­cisco: “Los santos espo­sos Luis Martin y María Celia Guérin vivie­ron el ser­vi­cio cris­tiano en la fami­lia, cons­tru­yendo cada día un ambiente lleno de fe y de amor; y en este clima bro­ta­ron las voca­cio­nes de las hijas, entre ellas santa Teresa del Niño Jesús”. (Homi­lía de cano­ni­za­ción)

Car­de­nal José Saraiva Mar­tins: “Luis y Celia son un don para los espo­sos de todas las edades por la estima, el res­peto y la armo­nía con que se amaron durante die­ci­nueve años. Celia escri­bió a Luis: «Yo no puedo vivir sin ti, que­rido Luis». Él le res­pon­dió: «Yo soy tu marido y amigo que te ama por toda la vida». Vivie­ron las pro­me­sas del matri­mo­nio: la fide­li­dad del com­pro­miso, la indi­so­lu­bi­li­dad del vínculo, la fecun­di­dad del amor, tanto en las ale­grías y en las penas como en la salud y en la enfer­me­dad.

Luis y Celia son un don para los padres. Minis­tros del amor y de la vida, engen­dra­ron nume­ro­sos hijos para el Señor. Entre estos hijos, admi­ra­mos par­ti­cu­lar­mente a Teresa, obra maes­tra de la gracia de Dios, pero tam­bién obra maes­tra de su amor a la vida y a los hijos.

Luis y Celia son un don para todos los que han per­dido un cón­yuge. La viudez es siem­pre una situa­ción difí­cil de acep­tar. Luis vivió la pér­dida de su esposa con fe y gene­ro­si­dad, pre­fi­riendo el bien de sus hijos a sus atrac­cio­nes per­so­na­les.

Luis y Celia son un don para los que afron­tan la enfer­me­dad y la muerte. Celia murió de cáncer; Luis ter­minó su exis­ten­cia afec­tado por una arte­rios­cle­ro­sis cere­bral. En nues­tro mundo, que trata de ocul­tar la muerte, nos ense­ñan a mirarla a la cara, aban­do­nán­do­nos a Dios. (Homi­lía de bea­ti­fi­ca­ción)


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