• 6 de mayo de 2014
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San Juan XXIII y San Juan Pablo II: la humildad y la valentía

San Juan XXIII y San Juan Pablo II

San Juan XXIII y San Juan Pablo II tuvie­ron el valor de mirar las heri­das de Jesús, de tocar sus manos lla­ga­das y su cos­tado tras­pa­sado. No se aver­gon­za­ron de la carne de Cristo, no se escan­da­li­za­ron de él, de su cruz; no se aver­gon­za­ron de la carne del her­mano (cf. Is 58,7), porque en cada per­sona que sufría veían a Jesús. Fueron dos hom­bres valien­tes, llenos de la parre­sia del Espí­ritu Santo, y dieron tes­ti­mo­nio ante la Igle­sia y el mundo de la bondad de Dios, de su mise­ri­cor­dia.

En la con­vo­ca­to­ria del Con­ci­lio, San Juan XXIII demos­tró una deli­cada doci­li­dad al Espí­ritu Santo, se dejó con­du­cir y fue para la Igle­sia un pastor, un guía-guiado, guiado por el Espí­ritu. Éste fue su gran ser­vi­cio a la Igle­sia; por eso me gusta pensar en él como el Papa de la doci­li­dad al Espí­ritu santo.

En este ser­vi­cio al Pueblo de Dios, San Juan Pablo II fue el Papa de la fami­lia. Él mismo, una vez, dijo que así le habría gus­tado ser recor­dado, como el Papa de la fami­lia. Me gusta subra­yarlo ahora que esta­mos viviendo un camino sino­dal sobre la fami­lia y con las fami­lias, un camino que él, desde el Cielo, cier­ta­mente acom­paña y sos­tiene.

Homi­lía del Papa Fran­cisco en la misa de cano­ni­za­ción de San Juan XXIII y San Juan Pablo II, 27 de abril de 2014.

Video de la cano­ni­za­ción de Juan XXIII y Juan Pablo II y entre­vista de Viky


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