• 4 de agosto de 2014
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Resistencia: Museo al aire Libre

Madre Tierra - Pachamama

Por Sergio Aquino, miem­bro de la Fra­ter­ni­dad Maxi­mi­li­ano Kolbe:

Aún recuerdo mi primer encuen­tro con lo que enton­ces había nacido como la pri­mera edi­ción del Con­curso Nacio­nal de Escul­tura en Madera. Era julio de 1988 y con mi grupo de com­pa­ñe­ros de sexto grado íbamos hacia la plaza 25 de mayo para ser tes­ti­gos de ese evento que trans­for­ma­ría nues­tra noble madera de que­bra­cho, alga­rrobo, etc. en crea­cio­nes escul­tó­ri­cas, par­ti­ci­pando el escul­tor, de alguna forma, del hacer crea­dor de Dios. Vein­ti­séis años han pasado y hoy la Bienal Inter­na­cio­nal de Escul­tura es sím­bolo de iden­ti­dad cha­queña y hasta hay quien la con­si­dera su mayor fiesta cul­tu­ral. La UNESCO hace un segui­miento de este con­curso para decla­rar Patri­mo­nio del mundo a la ciudad de Resis­ten­cia, que ya detenta el título nacio­nal de Capi­tal de las Escul­tu­ras.

A tantos años de su origen, es inne­ga­ble que “La Bienal” se supera con cada edi­ción, “va por más”, crece impul­sada por el ideal de hacer del arte un bien de todos. Lle­garse a la Bienal es una cita casi obli­gada para el cha­queño y no es sólo por la varie­dad de espec­tácu­los, de pro­pues­tas diver­sas que buscan gene­rar el juego, el dis­frute, el espar­ci­miento; se viene a ver la escul­tura, se toma un juicio, se aborda al artí­fice.
Este año, la madera noble hace lugar a un mate­rial nuevo: el acero ino­xi­da­ble. 10 escul­tu­ras han nacido en el norte del país y en sus impron­tas, la auto­ría de escul­to­res del mundo. En esta edi­ción 2014 par­ti­ci­pa­ron artis­tas de Ale­ma­nia, Aus­tria; Fran­cia; Japón; Tur­quía; Polo­nia; Por­tu­gal; Puerto Rico; Rusia y el argen­tino Raúl Oscar Gómez. Junto a ellos, como escul­tor Invi­tado, Percy Raúl Zorri­lla Soto, de Perú. Las obras plan­tean la pro­puesta del Homo Novus, el hombre nuevo, con­signa de la pre­sente edi­ción. Esas obras pasa­rán al espa­cio público de la ciudad, museo al aire libre que es Resis­ten­cia, con 600 escul­tu­ras. Sin lugar a dudas, la cua­li­dad del tra­bajo en vivo per­mite valo­rar un oficio, una téc­nica, un pro­ceso de donde la mate­ria es deve­nida en objeto de belleza.

Todo esto, y muchas otras cosas, pen­saba al cami­nar el predio del Museum. No pude evitar recor­dar unas pala­bras del fun­da­dor de Puntos Cora­zón en oca­sión de una con­fe­ren­cia que com­par­tió con el hace­dor de este evento: Don Fabri­ciano Gómez: “La obra que está tan llena del amor del artista que la hizo y del que la está con­tem­plando, está tan llena que está trans­fi­gu­rada. Esta madera del bosque ya no es más la madera del bosque. El mármol ya no es el mármol. No se puede reco­no­cer. Es algo nuevo. El que con­tem­pla está en éxta­sis con la mate­ria, está ele­vado gra­cias a su con­tem­pla­ción. Es la razón por la que la obra de arte es tan impor­tante en nues­tras socie­da­des. Está ele­vando las socie­da­des”. No pude evitar elevar mi pobre ora­ción agra­de­ciendo a Dios el regalo que me había hecho al poder par­ti­ci­par, una vez más, de este evento tan espe­cial. “Y vio Dios que esto era bueno”…


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