• 10 de abril de 2014
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Regresando de misión

De Alexiana, Viale-Entre Rios, regresando de su misión en el Punto Corazón de Chile y de Buenos Aires:

Lo que más me ha tocado es la simpleza de cada amigo, su entrega generosa, su fe, su amor por los demás. No quisiera reducirlo sólo a esto porque en verdad es muchísimo lo que tengo que aprender de ellos. Cuando salí, a priori, tenía una idea en hacer, andar de acá para allá, dispuesta a entregar todo por cada uno, pero en verdad puedo decirles que poco tardé en darme cuenta que es más lo que recibí que lo que pude dar. Fui descubriendo en cada uno el rostro de Dios, fueron ellos que me han ido formando, que me han testimoniado con su vida los valores y aspiraciones del ser humano, lo verdadero, lo más humano, lo más bello y lo más crudo, pero siempre con una mirada que se eleva a lo alto, firme y con fe.

Les aseguro que están grabados en mi memoria pero sobretodo en mi corazón cada rostro, cada mirada, me habitan los amigos, los niños, cada uno en particular; ¿Cómo olvidar la voz de cada niño? Como Santi (4 años) que pasaba su día a la puerta pidiéndonos agua o preguntando que hacíamos; como Azul (2 años) su hermanita que poco habla y recitaba sus primeros Ave María en el Rosario de cada día, o cuando decía mi nombre para pedirme pasar, ¡qué emoción escucharla! Finalmente son niños que necesitan más que agua o saber qué hacemos, necesitan cariño, contención, ser mirados, escuchados, tenidos en cuenta. ¡Cómo olvidar la voz de una abuelita que sufre sola, de una madre, de un padre de familia que no puede dejar su adicción!

Puntos Corazón ha sido para mí una puerta muy grande por donde Dios me llevó a descentrarme y buscarlo en el otro, aprender a reconocer sus necesidades, crecer en la fe, los valores, la caridad y tantas cosas. Ha sido un rostro de gran misericordia y amor que me llamó a servirlo a través de este bello carisma que me corresponde tanto. Con toda humildad y reconociendo mis miserias me puse a su servicio y cada día le pedí ser sólo un vidrio donde Él pudiera obrar libremente, reflejarse; de corazón les digo que no he hecho nada, ha sido Él que se sirvió de mi pobreza y humanidad para llegar donde quiso, quizás algunas veces me costó más y otras menos, pero en mi corazón siempre supe y sé que nada me pertenece, todo es un regalo ¿Qué haría sin Él? ¿Qué sería sin Él? Simplemente ¡nada! Es una gracia muy grande todo lo vivido y un llamado pues ahora viene la aventura más grande: ¿Cómo vivir después de esto? ¿Cómo llevarlo a mi vida? Espero me asista su gracia para prolongar en mi vida todo lo aprendido, todo lo que queda para aprender.


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