• 3 de enero de 2015
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¡Feliz Navidad y feliz año nuevo!

Comunidad del Punto Corazón de Buenos Aires, diciembre 2014

“Esta noche santa, en la que con­tem­pla­mos al Niño Jesús apenas nacido y acos­tado en un pese­bre, nos invita a refle­xio­nar. ¿Cómo aco­ge­mos la ter­nura de Dios? ¿Me dejo alcan­zar por él, me dejo abra­zar por él, o le impido que se acer­que? «Pero si yo busco al Señor» –podría­mos res­pon­der–. Sin embargo, lo más impor­tante no es bus­carlo, sino dejar que sea él quien me busque, quien me encuen­tre y me aca­ri­cie con cariño. Ésta es la pre­gunta que el Niño nos hace con su sola pre­sen­cia: ¿per­mito a Dios que me quiera? La res­puesta del cris­tiano no puede ser más que aque­lla que Dios da a nues­tra peque­ñez. La vida tiene que ser vivida con bondad, con man­se­dum­bre. Cuando nos damos cuenta de que Dios está ena­mo­rado de nues­tra peque­ñez, que él mismo se hace pequeño para pro­pi­ciar el encuen­tro con noso­tros, no pode­mos no abrirle nues­tro cora­zón y supli­carle: «Señor, ayú­dame a ser como tú, dame la gracia de la ter­nura en las cir­cuns­tan­cias más duras de la vida, con­cé­deme la gracia de la cer­ca­nía en las nece­si­da­des de los demás, de la humil­dad en cual­quier con­flicto».

Homi­lía Papa Fran­cisco, Navi­dad 2014


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