• 1ro de diciembre de 2017
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Primera carta de Tobias en Chile

©Puntos Corazón Chile

En tan poco tiempo Cristo me recuerda todos los días que estoy aquí ¡por él y por su Amor! En estas breves líneas, contemplando desde mi ventana el mar, con el mate amargo a mi lado y con la ayuda del Espíritu Santo, les contaré un poco de esta maravillosa misión que acabo de emprender.

Durante la mañana tenemos una hora de Adoración al Santísimo, un tiempo que nos recuerda que estamos aquí por Él, solamente por Él. También, durante la silenciosa mañana del barrio, recibimos visitas como la de Don Luis, un gran amigo que pasa por nuestra casa a tomarse su cafecito, o Mimí, un adolescente que tiene una discapacidad, que con su gran inocencia robó un poco de mi corazón desde el primer día que llegué, cuando se presentó y me regaló una manzana, ¡para el tío nuevo! (aquí nos llaman así). Ese pequeño gran gesto fue para mí, ¡tan puro, tan de Dios!

Todos los jueves por la tarde visitamos el Hogar Arco Iris, allí nos esperan con mucha alegría personas adultas con problemas psiquiátricos. La primera vez fue demasiado duro, un lugar donde la tristeza, el silencio, son signo de una gran necesidad, que sólo se sacia con presencia, presencia de Jesús resucitado que habla a través de los hombres. Grandes personajes nos reciben… Don Pedro, que al comenzar el Santo Rosario pide la palabra y confía con gran devoción todas sus intenciones, dolores y alegrías. Doña Rosita, que le suplica a Mamá María por sus hijos, para que les haga recordar que tienen mamá y que la visiten algún día. Es ahí, en la simplicidad de un Rosario compartido, donde recuerdo que soy pecador y no soy digno de tanto amor. Al finalizar la visita nos despiden con gran entusiasmo y nos ruegan que volvamos la semana siguiente, ¡es maravilloso contemplar el amor de Cristo en cada persona que Dios me pone en lo cotidiano!


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