• 8 de mayo de 2017
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Primera carta de Paula en India

Es una gran ale­gría com­par­tir con uste­des lo que estoy viviendo en este mara­vi­lloso país. Las pala­bras no me alcan­zan para des­cri­bir lo feliz que soy, pero inten­taré trans­mi­tir­les algo de esta her­mosa expe­rien­cia y les agra­dezco de cora­zón su apoyo que me sos­tiene y anima a vivir ple­na­mente esta desa­fiante misión.

Bien­ve­nida:
Luego de un largo viaje, final­mente llegué a la India el miér­co­les 5 de abril. En el aero­puerto de Chen­nai me espe­ra­ban la Hna. María Belén (argen­tina) y mis her­ma­nas de comu­ni­dad: Jenny (aus­tríaca), Cléa (fran­cesa), Anto­nine (fran­cesa) y Agnieszka (polaca). Fuimos juntas rumbo a mi nuevo hogar en Chen­gal­pet, una típica casa de un barrio muy sen­ci­llo, ¡lleno de vida! Las calles son angos­tas, las casas están pin­ta­das de colo­res vivos, la gente es muy alegre y gene­rosa, ¡los niños son tan lindos! Visten unos uni­for­mes esco­la­res muy sen­ci­llos pero ele­gan­tes. Y sus son­ri­sas cau­ti­van mi cora­zón.

Mi comu­ni­dad:
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La gente del barrio habla Tamil, en casa habla­mos inglés la mayor parte del tiempo, pero tam­bién fran­cés, alemán y un poco de espa­ñol. Aún no logro comu­ni­carme en Tamil, la gente habla muy rápido, pero la mayo­ría de las veces basta con una mirada para enten­der­nos. Yo sim­ple­mente sonrío y ellos me devuel­ven otra son­risa. Será un tiempo para dejar de lado las pala­bras y apren­der a escu­char con el cora­zón.


Vida coti­diana:

Nues­tra vida coti­diana es muy sen­ci­lla: nos levan­ta­mos muy tem­prano (para alma­ce­nar agua, como toda la gente del barrio) y a las 6 am vamos a Misa en la Cate­dral. Luego regre­sa­mos a la casa y reza­mos Laudes, desa­yu­na­mos y nos repar­ti­mos las tareas del día. Durante la mañana tene­mos una hora de ado­ra­ción al San­tí­simo (en la Capi­lla que tene­mos dentro de nues­tra casa) y muchas veces reci­bi­mos visi­tas de nues­tros amigos del barrio o alguna vecina nos ayuda con la pre­pa­ra­ción de la comida. Coci­nar lleva mucho tiempo y dedi­ca­ción, la comida es algo muy impor­tante para la gente y nos ayuda a acer­car­nos más a ellos. Es admi­ra­ble cómo con ingre­dien­tes tan sen­ci­llos (bási­ca­mente come­mos todos los días arroz con ver­du­ras) ela­bo­ran dis­tin­tos platos y muy sabro­sos, ¡para mí es todo un arte!

Siguiendo con nues­tra rutina, a las 13 h almor­za­mos y luego hace­mos dis­tin­tas cosas dentro de la casa (ahora esta­mos orga­ni­zando los cam­pa­men­tos de verano), pero no sali­mos a la calle porque el calor es muy intenso y la gente duerme la siesta (espe­cial­mente en esta época del año). A las 15.30 h reza­mos el Rosa­rio y luego sali­mos a visi­tar a las fami­lias del barrio, lle­va­mos juegos para los niños y con­ver­sa­mos con los adul­tos, que muchas veces llevan vidas muy duras, pero tienen una fe increí­ble y espe­ran nues­tra visita perió­di­ca­mente. Es her­moso ver la pro­fun­di­dad de la amis­tad que se genera entre los dis­tin­tos volun­ta­rios y la gente del barrio, cada vez que digo que vengo de Argen­tina, ense­guida me pre­gun­tan por Helen (que estuvo aquí hace más de 10 años) y la recuer­dan con mucho amor.

A las 19.30h regre­sa­mos a nues­tra casa para rezar Vís­pe­ras, des­pués cena­mos y com­par­ti­mos lo que hemos vivido en cada una de las visi­tas. Final­mente, a las 21h nos reu­ni­mos en la capi­lla para la ora­ción de la noche, donde damos gra­cias y nos pedi­mos perdón mutua­mente por las cosas que suce­die­ron durante el día, para ir a des­can­sar en paz. Es muy lindo ter­mi­nar el día con el cora­zón lleno de peque­ños gestos de amor que me invi­tan a amar de esa manera, con gene­ro­si­dad, sin reser­vas.

Algu­nos días son dife­ren­tes, los jueves vamos al lepro­sa­rio durante la mañana y des­pués del Rosa­rio par­ti­mos rumbo al Jardín de la Mise­ri­cor­dia. Allí nos encon­tra­mos con los varo­nes que viven en Kasi­mode (un barrio muy humilde de Chen­nai, en la zona del puerto de pes­ca­do­res) y con toda la gente que vive en el Jardín, ¡es una gran fami­lia! Allí son aco­gi­das per­so­nas con dis­ca­pa­ci­dad, con dis­tin­tas enfer­me­da­des o que no tiene fami­lia, ni lugar donde vivir y con­vi­ven con los volun­ta­rios, los sacer­do­tes, los laicos con­sa­gra­dos y las her­ma­nas de Puntos Cora­zón. Com­par­ti­mos con ellos todo el vier­nes y la mañana del sábado, es un momento para des­can­sar del bulli­cio de la ciudad y con­tem­plar la belleza que se nos regala.

Cere­mo­nia de bien­ve­nida:
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