• 1ro de diciembre de 2017
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Primera carta de Mariano en Honduras

©Puntos Corazón Honduras

Somos una comunidad muy variada, compuesta por Aurelien y Solène de Francia, Agata y Klaudia de Polonia y por Estefanía de Ecuador. El recibimiento fue tan cálido y alegre, se notaba que me habían estado esperando ansiosamente, me daban ganas de decirles “no se entusiasmen tanto que soy yo nomás”, sensación que tuve también muchas veces después, cuando me fueron presentando a algunos amigos del barrio.

Es que uno recibe tanto amor, que es inevitable preguntarse ¿Por qué? ¡Ni me conocen! ¿Cómo pueden ya quererme, alegrarse por mi presencia? Constantemente se me recuerda que esto es más grande que yo.

La vida en comunidad me enseña a dialogar, me ayuda a pensar bien las cosas que digo, y me muestra constantemente que no hay una sola forma de hacer las cosas, y que la mía no sólo no es la única, sino que está lejos de ser la mejor, la correcta o la adecuada. Es simplemente una más, y sólo debo aportarla si realmente creo que suma, lo cual requiere discernimiento.

No voy a mentir, muchas cosas no fueron, ni son fáciles. La primera lucha es contra uno mismo, no desanimarse, no asustarse, intentar vivir los cambios con calma. Ir lentamente, adaptándose a lo nuevo y no caer en la tentación del desánimo.
Se suponía que no iba a ser muy complicado… el idioma ya lo hablo, la cultura no es tan opuesta… pero sin embargo ¡hacen falta mucho más que palabras para comunicarse!


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