• 8 de mayo de 2017
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Primera carta de Florencia en Brasil

Pasó un mes desde que llegué a Brasil, y por todo lo que viví parece que fueran años. Voy a intentar resumir para ustedes algunas de mis experiencias.

A lo largo de los caminos de la existencia diaria…

<span class="caps">JPEG</span> - 234.7 KB Quiero empezar contando como es ahora mi “existencia diaria”. Vivo en la ciudad Simões Filho, cerca de Salvador de Bahía, en un barrio llamado Coroa da Lagoa. Es un barrio grande, con muchas subidas y bajadas que permiten tener vistas muy lindas. Tenemos muchos amigos que pasan a visitarnos. Además, por la tarde somos nosotros los que salimos a visitar, todos son muy hospitalarios.

La comunidad con la que vivo está formada por Mariana de Chile, que lleva más de un año en Brasil, Arnaud de Francia, que lleva 7 meses, Tomasz de Polonia, que lleva 5 meses, y Debo, de Argentina, que llegó hace un mes y medio. Además, con solo abrir una puerta podemos encontrarnos con el sexto miembro de la comunidad, el más antiguo y más importante: Cristo. Cada día pasamos por lo menos una hora frente al Santísimo, y eso nos permite recuperar fuerzas, recordar nuestro fin en este lugar y alimentar nuestra esperanza.

…..es donde podréis encontrar al Señor.

Sin ninguna duda, lo más lindo de este barrio son nuestros amigos. Ellos me enseñan a ver a Dios en lo cotidiano.
Desde que llegué, constantemente vivo la experiencia de sentirme amada. Este amor no es respuesta a algo que yo hice por las personas, sino que es simplemente amor gratuito.
Descubrí ese amor cuando, terminando mi primera visita a Dona Hildete (una mujer ciega de unos 80 años), ella ya me llamaba “mi hija blanca”. También lo descubrí en Diane, de 17 años que me llama amiga y me acaba de conocer. Lo veo en los niños que, cuando nos ven por la calle, vienen corriendo al grito de “¡TIOS!” para caminar al lado nuestro (o encima).
Si busco una explicación a todo esto, no me alcanza con pensar en que la gente en Brasil es simpática, ni en que me quieren por ser de Puntos Corazón o porque ya conocen otros “tíos”. Estoy convencida de que es Dios quien me está amando a través de ellos. Solo de Él puede venir un amor así: simple, cotidiano y sobre todo gratuito.


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