• 6 de mayo de 2014
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Primera carta de Dolores desde Perú

Matías, Puntos Corazón de Barrios Altos, Lima-Perú

Hace ya cuatro sema­nas que estoy en Perú, y aunque el tiempo se pasa muy rápido, me da la sen­sa­ción de estar acá desde hace mucho más. Perú es muy her­moso, es un país con gente encan­ta­dora y amable, con una hos­pi­ta­li­dad única y con cos­tum­bres inte­re­san­tes.

Vivo en una casa, el Punto Cora­zón, que está ubi­cado en un barrio lla­mado Barrios Altos. Las casas son de todos colo­res y al ser de la época colo­nial, sus facha­das anti­guas las hace her­mo­sas. Los niños están todo el día en la calle, jugando y dis­fru­tando. Esto da una imagen súper alegre.

Mi comu­ni­dad está for­mada por Math­ilde, que es de Fran­cia y es laica con­sa­grada de Puntos Cora­zón; Flor y Thomas, fran­ce­ses y Pedro, que es alemán. Poco a poco ellos me van ense­ñando y ayu­dando a cono­cer a todos los amigos. Nos lle­va­mos muy bien y dis­fruto mucho de la vida comu­ni­ta­ria.
Con res­pecto a nues­tros amigos, la gente del barrio, ellos son muy ama­bles y espe­cia­les. Desde el día que llegué me abrie­ron las puer­tas de sus casas, de su barrio, con una hos­pi­ta­li­dad increí­ble.

Lo que me impactó mucho fue oírlos hablar con tanto cariño de los ex misio­ne­ros que han pasado por aquí. Me hizo pensar una vez más en la impor­tan­cia de la misión que nos fue con­fiada. Supie­ron mos­trarme que existe ver­da­de­ra­mente una amis­tad y que nues­tra pre­sen­cia es impor­tante para ellos.

Nues­tros días están muy ocu­pa­dos: nos levan­ta­mos a las siete y reza­mos laudes, tene­mos media hora de lec­tura espi­ri­tual, misa y una hora de ado­ra­ción diaria. A las tres de la tarde reza­mos el rosa­rio con los niños y luego uno se queda a jugar con ellos (al que le toca ese día la “per­ma­nen­cia”) y los otros van de visi­tas de a dos. A las seis de la tarde reza­mos vís­pe­ras, a las ocho empieza la per­ma­nen­cia de jóve­nes hasta las diez, y luego reza­mos com­ple­tas. Una vez por semana tene­mos “es­cuela de comu­ni­dad”, donde leemos un texto y com­par­ti­mos ideas y opi­nio­nes. Cada quince días com­par­ti­mos la escuela de comu­ni­dad con las her­ma­nas de nues­tro movi­miento, la Ense­nada (el otro punto cora­zón en Perú) y el padre Paolo, un padre de “Co­mu­nión y Libe­ra­ción”. Los miér­co­les son nues­tros días de des­canso, por lo que par­ti­mos el martes a la tarde a la casa de las her­ma­nas en Gua­yabo, a una hora y media de nues­tro barrio. Tam­bién tene­mos apos­to­la­dos fuera del barrio: todos los vier­nes por la mañana vamos al Hogar de la Paz, de la con­gre­ga­ción de la Madre Teresa, donde hay chicos con capa­ci­da­des dife­ren­tes. Los sába­dos vamos a jugar con los niños de las dife­ren­tes quin­tas del barrio.

Padre Thie­rry (fun­da­dor de Puntos Cora­zón), en una carta a los Amigos de los niños escribe: “Yo soñaba con una escuela del amor. He aquí que ella existe real­mente.” Y es donde estoy, en el jardín de infan­tes del amor, donde se vuelve a lo esen­cial, donde se vive “una vida de her­ma­nos muy simple, en el amor muy simple a Dios.” A veces me encuen­tro pidiendo a Dios en la ado­ra­ción que agrande mi cora­zón ¡hay tantos por amar y mi cora­zón es tan pequeño! Y cuando, hablando con algún amigo, me encuen­tro amán­dolo, tengo la cer­teza de que es pura gracia del Señor, que es Él quien me enseña, y me siento feliz al dejarlo actuar.

Frente a nues­tra casa vive la fami­lia de Sra. Nelly. Los niños vienen muy segui­dos al Punto. Matías, de siete años, me movió el cora­zón desde el primer día. El no falta nunca, reza el rosa­rio con noso­tros y se queda en la per­ma­nen­cia todos los días. Cuando no es la hora de jugar toca la puerta sólo para salu­dar­nos o pre­gun­tar­nos qué esta­mos haciendo. Hay días en que esta­mos en ado­ra­ción y quiere venir, aunque sabe que es en silen­cio, sólo para estar con noso­tros. Cuando nos vamos de visi­tas o de des­canso se cuelga de nues­tras pier­nas y nos pide que nos que­de­mos. Me con­mo­vió mucho desde que llegué el amor y la amis­tad que tiene con noso­tros, el Punto Cora­zón parece su segundo hogar. Es un niño muy espe­cial, con sus son­ri­sas y sus abra­zos borra cual­quier tra­ve­sura, no puedo más que son­reír ante su ter­nura. ¡Ver­da­de­ra­mente él tiene sed! Sed de una pre­sen­cia, sed de ser mirado con amor, sed de ser tra­tado con cariño.

Se me hacía muy difí­cil sen­tarme a escri­bir y poder ser fiel a todo lo que estoy viviendo. A veces empe­zaba y dejaba por no saber plas­mar la gran­deza de la que estoy siendo par­tí­cipe. Si al menos pude trans­mi­tir un poco de todo esto, eso sería sufi­ciente.

En este primer tiempo de misión tam­bién pude tener una mirada hacia todo lo que me trajo hasta acá, y uste­des tam­bién son par­tí­ci­pes.¡ Gra­cias por per­mi­tirme vivir esta misión, estoy muy feliz! Real­mente la volun­tad de Dios solo nos lleva hacia la ple­ni­tud, y estos peque­ños sí pro­nun­cia­dos son sólo obra suya, me lo demues­tra todos los días.

Gra­cias por apo­yarme en este viaje a lo esen­cial. Gra­cias por sus ora­cio­nes, las siento con­migo. Nos unimos en los brazos de María en cada Dios te salve. Rezo por uste­des, por su cora­zón. Recen por el mío y por mi con­ver­sión.
¡Hasta la pró­xima!


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