• 17 de marzo de 2016
es

Primera carta de Antonia desde Honduras

Punto Corazón de Honduras, marzo 2016

Extracto de la carta de Anto­nia en el Punto Cora­zón de Tegu­ci­galpa:

Llegué hace dos sema­nas y real­mente todos me reci­bie­ron muy bien.
De a poco voy cono­ciendo varias fami­lias y per­so­nas de nues­tra colo­nia, y a su vez per­so­nas de otras colo­nias que son amigos nues­tros tam­bién.

Con mis her­ma­nos de comu­ni­dad com­parto el cui­dado de la casa, el coci­nar, las comi­das y varios momen­tos de ora­ción en el día: Laudes tem­prano a la mañana, Vís­pe­ras a la tar­de­cita, Misa (en la Parro­quia de nues­tra colo­nia, en la Cate­dral, en lo de las Her­ma­nas de la Cari­dad, o donde poda­mos) y el rezo del Rosa­rio en algún momento del día. Por las maña­nas tam­bién tene­mos cada uno un tiempo de Ado­ra­ción al San­tí­simo, en un cuar­tito que hace de Capi­lla en nues­tra casa.

El resto del tiempo hace­mos visi­tas, reci­bi­mos a los que llegan a nues­tra casa para char­lar (a algu­nos les di mate para probar con diver­sos resul­ta­dos), tam­bién algu­nos vienen a comer con noso­tros, juga­mos con los chicos que se acer­can a nues­tra casa o juga­mos con ellos en la calle si los encon­tra­mos por ahí. Hay días en que vamos a la cárcel de muje­res en Támara un pueblo vecino, y días en que vamos a un hogar de ancia­nos acá en Tegu­ci­galpa.

Tam­bién reci­bi­mos amigos que vienen a nues­tra casa a pedir­nos que les desin­fec­te­mos una herida. Como M que vino anoche pidién­do­nos que le curá­ra­mos varias heri­das que tiene por un auto que lo atro­pe­lló hace unos días. M tiene 32 años y una larga his­to­ria de adic­ción al alcohol, es un “bolo” (borra­cho) cono­cido en la colo­nia. Me con­mo­vió mucho porque cuando ya tenía las heri­das lim­pias, gasas nuevas y había comido algo, nos pidió por favor de entrar en la Capi­lla. Le abri­mos la puerta y antes de entrar se sacó sus zapa­ti­llas, entró bien des­pa­cito, se arro­di­lló y se quedó un buen rato ahí quie­tito. Luego sacó de su bille­tera (que es la única per­te­nen­cia que lleva con él) cuatro estam­pi­tas que tenía guar­da­das, su docu­mento todo ajado y todo lo puso a los pies de Jesús, diciendo bajito “yo ofrezco todo, todo, hasta mi nombre”. Y más tarde nos agra­de­ció mucho que lo hubié­ra­mos dejado entrar en la Capi­lla. ¡Yo me quedé sin pala­bras!


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