• 24 de septiembre de 2013
es

Polonia: la formación en Zielona Huta

Angie y Magda, septiembre 2013

de Angie B., misio­nera argen­tina, en Var­so­via:

Durante el verano, Pani Ania y Pan Marek viven en un pequeño pue­blito lla­mado Zie­lona Huta, al norte del país. Cada año, ellos nos reci­ben durante dos sema­nas. Es un tiempo de retiro, de encuen­tros y de re-encuen­tros, de for­ma­ción -no sólo por las char­las que cada día escu­cha­mos sino por lo que apren­de­mos junto a este matri­mo­nio y sus hijos Magda y Michał-.

Lle­ga­mos los pri­me­ros días de agosto, Magda no durmió la siesta espe­rán­do­nos; al vernos des­cen­der del auto, todo su cuerpo empezó a tem­blar de ale­gría, el resto de la fami­lia tam­poco guar­daba su emo­ción. Estaba todo listo, la capi­lla (una carpa enorme -que pueden ver en la foto- con la mesa que ser­vi­ría de altar, el taber­náculo que aco­ge­ría a Jesús durante estas dos sema­nas) el té, el café, tortas de todo tipo; nos bastó unos segun­dos para des­cu­brir que Zie­lona Huta era una exten­sión del Monte Tabor. Esta escena se repe­tía al grito de Michał: przy­je­chają! (¡lle­ga­ron!). Aún no nos cono­cía­mos todos y sin embargo ya había en la atmós­fera la cer­teza de una gran amis­tad, la misma ale­gría que se vive al re-encon­trar un viejo amigo.
Esto era sólo el comienzo, cada uno fuimos pidiendo per­miso para pasar esas dos sema­nas entre ellos, al escu­char en el cora­zón esta invi­ta­ción: “abre la puerta y entra a mi hogar, amigo mío que hay un lugar, deja un momento de cami­nar”. Y así nos dete­nía­mos cada día alre­de­dor de la más­tica polaca y de la mís­tica.

Si hay ale­gría en mi cora­zón, con tu pre­sen­cia me traes el sol, manos sen­ci­llas, manos de amor. Magda no puede tomar el desa­yuno sola, nece­sita que Pani Ania le dé de comer y de beber, y aunque esto lo puede hacer cual­quiera, la forma en que expresa el amor a su hija en este momento, no lo puede hacer otra per­sona. Las manos de Pani Ania, son áspe­ras, rudas, manos como la gente que tra­baja en el campo, manos que dicen que la vida no ha sino un jardín de mar­ga­ri­tas, sino de rosas, bella pero llena de espi­nas. Estas manos sos­tie­nen fir­me­mente la cabeza de Magda, no vaci­lan ni un ins­tante, y al dar de beber el té, sus ojos están fijos en los ojos de Magda, no hace falta pala­bras, el agra­de­ci­miento mutuo se ve, pero aún se per­cibe más el agra­de­ci­miento que juntas elevan a Dios. Es que hace 34 años atrás, cuando Magda nació al 6to mes de emba­razo, los médi­cos dije­ron que no vivi­ría. Cada mañana, al momento del desa­yuno, es la evi­den­cia del don de la vida que Dios da.

Que­ri­dos amigos, estas pala­bras del Papa Fran­cisco expre­san exac­ta­mente lo que hemos vivido en estas dos sema­nas. Ahora las com­prendo mejor :
“Com­par­tir la expe­rien­cia de la fe, dar tes­ti­mo­nio de la fe, anun­ciar el evan­ge­lio es el man­dato que el Señor confía a toda la Igle­sia; es un man­dato que no nace de la volun­tad de domi­nio o de poder, sino de la fuerza del amor, del hecho que Jesús ha venido antes a noso­tros y nos ha dado, no algo de sí, sono todo él, ha dado su vida para sal­var­nos y mos­trar­nos el amor y la mise­ri­cor­dia de Dios. Jesús no nos trata como escla­vos, sino como amigos; y no sólo nos envía, sino que nos acom­paña, está siem­pre a nues­tro lado en esta misión de amor.”


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