• 25 de septiembre de 2013
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Paula L., de Bahía Blanca

Soy Paula, tengo 27 años y vivo en Bahía Blanca. Soy Inge­niera Quí­mica y actual­mente estoy ter­mi­nando el doc­to­rado en la Uni­ver­si­dad Nacio­nal del Sur.
Crecí en For­mosa, junto a mis dos her­ma­nas y mis padres, quie­nes me ense­ña­ron a buscar a Dios y a cami­nar de la mano de María, haciendo efec­tivo el Evan­ge­lio en cada pequeño gesto.

De chica formé parte de un grupo misio­nero en el cole­gio y las pala­bras de San Vicente de Paúl toca­ron mi cora­zón: “¿De qué me sirve amar a Dios si mi her­mano no lo ama?”. A medida que pasa­ron los años, a pesar de que me iba muy bien en mis estu­dios y me hacía muy feliz tra­ba­jar en lo que me gusta, sentía que no era sufi­ciente, bus­caba algo más…

Conocí Puntos Cora­zón al escu­char el tes­ti­mo­nio de una ex amiga de los niños por Radio María y des­cu­brí que final­mente había encon­trado lo que venía bus­cando desde hace tiempo. Sus pala­bras iban encen­diendo mi cora­zón, que hoy anhela vivir este carisma todos los días, abrirse y salir al encuen­tro, con amor sin­cero y dis­puesto a apren­der de nues­tros “maes­tros”. Porque al sentir tanto amor, es impo­si­ble no querer lle­varlo al que no lo conoce, al que no se sabe amado, al que nece­sita ser con­so­lado y así, dejarse trans­for­mar día a día.

Desde que emprendí este camino de for­ma­ción junto a Puntos Cora­zón, Dios no ha dejado de sor­pren­derme. Renun­cié a la acti­vi­dad docente que venía desa­rro­llando para ter­mi­nar mi tesis, con la ora­ción y el acom­pa­ña­miento de las her­ma­nas se van disi­pando los miedos y nada logra arran­carme la inmensa ale­gría que me invade.
Aún des­co­nozco mi des­tino de misión, pero aguardo con pacien­cia seguir pre­pa­rán­dome para partir en abril de 2015 hacia donde Dios me quiera llevar.


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