• 9 de abril de 2015
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Naturaleza y espiritualidad en Japón

Tes­ti­mo­nio de Marie, joven fran­cesa de misión a Sendai en Japón

Esta natu­ra­leza que me atrae desde mi infan­cia, tiene un lugar muy impor­tante en Japón. Se dice que los japo­ne­ses son muy cer­ca­nos a ella, pero tal vez no nos damos cuenta hasta que punto. ¿Pen­sa­rían uste­des en colo­car una hilera de flor­ci­tas sobre un muro pre­fa­bri­cado que rodea una obra en cons­truc­ción? Cuando ofre­cen flores, ¿se pon­drían a pensar en la orien­ta­ción de tal hoja que tiene un cierto sen­tido, que exprime tal o cual sen­ti­miento? Este mes comencé un apos­to­lado en donde cada jueves por la mañana vamos con otros volun­ta­rios japo­ne­ses en un hos­pi­tal, en donde la mayo­ría de los pacien­tes están al final de la vida. Hace­mos Ike­bana, un arte que se hace con flores, para estas per­so­nas y sus fami­lias.

La natu­ra­leza y la espi­ri­tua­li­dad van juntas en este país. Los tem­plos sin­toís­tas y budis­tas están en todos lados, ya sea en cada esquina de las ciu­da­des o en el campo, con sus anti­guas lápi­das e impreg­na­dos de incienso. A veces se dice que los japo­ne­ses no son cre­yen­tes, o que sus ora­cio­nes son la mayo­ría supers­ti­cio­sas. Pero ¿cómo expli­car el hecho de que veo a toda hora una pre­sen­cia de los japo­ne­ses cerca de sus dioses?

Me emo­cionó mucho el Año Nuevo. Es un acon­te­ci­miento muy impor­tante para las fami­lias japo­ne­sas, pues trae con­sigo todo el sim­bo­lismo de la reno­va­ción. Junto con Aurore y Padre Pablo fuimos a los tem­plos de Kita Sendai (Sendai Norte). Ese día nevó mucho. Esto no impi­dió a los japo­ne­ses venir nume­ro­sos al templo para con­fiar sus ora­cio­nes al dios que les con­cer­nía. Vimos una fila de por lo menos dos horas de espera. Amigos, fami­lias, gente sola, pare­jas, que espe­ra­ban tran­qui­la­mente en el frío para tocar las cam­pa­nas sin­toís­tas. Des­pués saca­ban los Omi­kuji (lote­ría sagrada, adi­vi­na­cio­nes escri­tas sobre tiras de papel) y mismo si para algu­nos pare­cía solo un juego, se podía ver hasta qué punto era impor­tante y tenía rela­ción con sus vidas.


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