• 3 de marzo de 2017
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Muere nuestra abuela Rosa en Perú

Una abuela muy amiga del Punto Cora­zón de la Ense­nada acaba de falle­cer: Abuela Rosa. Vein­ti­cinco años de amis­tad con todos los misio­ne­ros, y vein­ti­trés años en su cama a causa de una pará­li­sis. Yo la había encon­trado hace quince años, y cuando volví a la Ense­nada en Noviem­bre, la encon­tré allí, en su pobre casita de una sola pieza, sin agua ni elec­tri­ci­dad, sufriendo más toda­vía que en aque­lla época. Si ya era difí­cil con­ver­sar con ella, esta vez, su único len­guaje era el llanto: lágri­mas de sufri­miento y de desá­nimo, porque le dolía todo el cuerpo y que nada podía ali­viarla.

Víctor, su com­pa­ñero que tiene viente años menos que ella, se dedicó a ella de manera ejem­plar durante todos estos años. ¡Hu­biera tenido tantas razo­nes para haber ele­gido una mujer más joven, bella y con buena salud, para aban­do­nar a nues­tra abuela en el momento de la prueba o bien con­fiarla a una ins­ti­tu­ción, como le acon­se­ja­ban todos a su alre­de­dor! Sin embargo eligió mos­trar que en su pobreza, la riqueza de ellos era jus­ta­mente el hecho de estar juntos hasta el fin. La vida y el sufri­miento de la abuela Rosa, la amis­tad que ella tuvo con Puntos Cora­zón, el amor de Víctor, son un mis­te­rio que nos abre la puerta al gran Mis­te­rio.

¡Qué bello es ver como esta mujer que a los ojos del mundo no era atra­yente, marcó para siem­pre nues­tros jóve­nes misio­ne­ros, les abrió los ojos sobre la verdad del ser, les modeló el cora­zón y fue para ellos una maes­tra en la com­pa­sión! ¡Solo hay que leer todos los men­sa­jes reci­bi­dos en face­book cuando se anun­ció la muerte de «nues­tra abuela»! Y al mismo tiempo, ¡cómo no con­tem­plar cuánta con­so­la­ción reci­bió ella con sus visi­tas regu­la­res, con la preo­cu­pa­ción por desa­rro­llar pro­pues­tas para hacerla salir aunque sea un momento para la misa o para par­ti­ci­par de una fiesta en el Punto Cora­zón! ¡Cuánto crea­ti­vi­dad para poder hacerla son­reir un ins­tante o encon­trar un tema de con­ver­sa­ción que la dis­tra­jera, cuánta abne­ga­ción para cui­darla y cuidar su casita, hasta mismo llamar al padre de la parro­quia para que le diera la unción de los enfer­mos al momento de su muerte!

Hna Alix


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