• 24 de junio de 2016
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Montevideo: «Hay que estar un poco loco para venir a visitarnos»

Punto Corazón de Uruguay, mayo 2016

Andrés nos cuenta su expe­rien­cia desde el Punto Cora­zón de Mon­te­vi­deo, Uru­guay:

Como ya les conté en mi pri­mera carta, todos los miér­co­les vamos a visi­tar el Cot­to­lengo mas­cu­lino Don Orione, hogar donde viven y reci­ben cui­da­dos hom­bres desde la niñez a la vejez, con dis­tin­tas dis­ca­pa­ci­da­des men­ta­les y/o motri­ces. Además de eso, puedo des­cu­brir que es un lugar donde el amor se encuen­tra en cada rincón. ¡Qué gran can­ti­dad de amigos hici­mos ahí! Todos nos reci­ben muy gus­to­sos. Todos tienen algo para con­tar­nos. Y el lugar está lleno de per­so­na­jes.

Por ejem­plo, Evens, un joven de unos 30 y pocos años, que apren­dió a tra­ba­jar la madera en la escue­lita que está dentro del Cot­to­lengo. Y hace muy buenos tra­ba­jos: tabli­tas de pica­das, sillas, mesas, estan­tes. Todo de buena cali­dad. Un día, está­ba­mos hablando los dos en el come­dor y me contó de su vida. A los 19 años él sufrió un ACV y nunca se recu­peró total­mente, sus secue­las son visi­bles físi­ca­mente (se mueve en silla de ruedas) y al hablar arras­tra las pala­bras, aunque yo veo que es una per­sona muy lúcida. En esa con­ver­sa­ción me dijo “Ojalá yo fuera normal, así podría hacer muchas cosas que uste­des pueden hacer sin esfuerzo”. Se ima­gi­nan lo desa­r­mado que me quedé ante esta expre­sión. Le res­pondí, con toda sin­ce­ri­dad y ayu­dado por el Espí­ritu, que no existe una “nor­ma­li­dad”, y que ser “nor­mal” no es ser mejor que sus pro­ble­mas. Yo, en mi “nor­ma­li­dad” no podría hacer nada, ni cerca, de las cosas que él hace con la madera. ¡Nada! Surgió una linda amis­tad entre noso­tros.

O Carlos, que sabe y canta muchos tangos, un día me dijo ino­cen­te­mente y sin pensar en la ironía qué podían sus­ci­tar sus pala­bras, “Hay que estar un poco loco para venir a visi­tar­nos”. ¡Y tiene razón! Creo que todo buen cris­tiano debe estar un poco loco.


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