• 30 de septiembre de 2011
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«Mis pequeños maestros» - Jorge, voluntario en Ecuador.

Jorge con algunos niños de la Isla Trinitaria

Jorge, volun­ta­rio cor­do­bés en el Punto Cora­zón de Gua­ya­quil, nos com­parte su amis­tad con los niños de la Isla Tri­ni­ta­ria:

"Tene­mos una fami­lia amiga, muy cerca de nues­tra casa, que vive la rea­li­dad más dura que me tocó cono­cer. Son cuatro her­ma­nos de entre siete y die­ci­siete años, los padres y la abuela.
Julia y Eduardo, no viven con sus padres sino en una casa que alberga a niños en situa­ción de mal­trato. Noso­tros los visi­ta­mos cada quince días alter­na­da­mente. En estos días visité a Edu (7 años), fue muy fuerte ver cómo recuerda que durante su niñez hubo misio­ne­ros a su lado, le con­taba a su edu­ca­dora mien­tras char­lá­ba­mos, que él nos cono­cía, que sabe dónde vivi­mos, le con­taba sobre nues­tra casa y tam­bién nues­tros secre­tos más ocul­tos: “a la noche se arro­di­llan para rezar” y “en los cum­plea­ños hacen can­guil y jugo”.

Supe que una noche a él y a Julia, el papá los echó de la casa y pasa­ron la noche en el Punto Cora­zón, lo que vivió quedó gra­bado en su cora­zón, y ahora cuando nos ve grita “yo los conozco, son mis amigos”. Nos mostró su cuarto, y nos pre­sentó a sus com­pa­ñe­ri­tos. Le agra­dezco a Dios por la obra de los Padres Somas­cos, que per­mite a estos niños, tener una opor­tu­ni­dad de ser tra­ta­dos dig­na­mente, con cariño.

Tienen un her­mano, Raúl, de once años, que no sabe leer ni escri­bir. Él está siendo parte de una pan­di­lla que asalta buses y ya tiene el tatuaje que lo iden­ti­fica con la banda. Él es gran amigo nues­tro, por lo que esta­mos sufriendo bas­tante tra­tando de ilu­mi­nar su vida con lo poco que pode­mos ofre­cer, por lo que sus ora­cio­nes son mi fuerza para no perder la espe­ranza ni la ilu­sión, de ver a este niño, ser niño, algún día."

Jorge R.

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