• 27 de agosto de 2013
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Mi experiencia de la JMJ con Puntos Corazón

Mariano, Fazenda do Natal, julio 2013

de Mariano R.

Había escuchado hablar mucho de “la Fazenda”, pero realmente nunca había podido entender por qué, para todos los que habían estado allí, era tan importante ese lugar.
El 16 de Julio partimos con un grupo de diez argentinos, algunos ex-misioneros y otros que no –como yo- hacia lo que fue nuestra “Pre Jornada”, en Salvador de Bahía.

"Donde dos o más están reunidos en mi nombre, ahí estoy yo en medio de ellos”. La Fazenda es sin duda un lugar creado en el nombre de Dios y Su presencia se puede sentir en todas partes, tanto en la belleza de la naturaleza, en la la paz del silencio, como así también en las difíciles situaciones en las que hay que servir a Cristo en nuestros hermanos que más sufren.
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Allí pude descubrir que se puede vivir confiando sólo en la providencia y que cuanto más uno se entrega a Dios, él más se entrega a nosotros.
Cuando una persona te abre el corazón, es un suceso que no pasa desapercibido en la vida de nadie y creo que lo que más impacta es como tanto los Amigos de los Niños como los consagrados viven con su corazón abierto de par en par, dispuesto a dar.

Preparación de la noche argentina
Preparación de la noche argentina

Ahora entiendo la importancia de ese lugar. Es una experiencia que estará para siempre en mi corazón y un aprendizaje que, de ahora en más, me ayudará a ver a Dios presente hasta en las cosas más sencillas.

Los días en Río de Janeiro -donde fue propiamente la JMJ- fueron una experiencia hermosa, donde pude sentir a la Iglesia Viva, Joven, Alegre, en fin, llena de Dios. Las palabras de nuestro querido Papa Francisco nos llenaron el corazón y la calidez del pueblo brasilero permitió que nos sintiéramos muy cómodos en todo momento.
Seguramente hubo tantas «Jornadas de la Juventud» como «Jóvenes» hubo, porque sé que para cada uno fue una experiencia única. Pero puedo decir también que para aquellos que pudimos vivirla junto a Puntos Corazón, el paso por la Fazenda y la vivencia del carisma de esta hermosa comunidad fueron la impronta que marcó nuestra forma de vivir este encuentro con Cristo y con la Iglesia.


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