• 10 de agosto de 2012
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Mauricio - Nápoles, Italia

«Nada de miedo, nada de com­ple­jos sino un amor enorme» - Carta a los padri­nos, julio 2012:

"Pas­qua­lina está en lucha contra un cáncer, y cría a sus dos nietas que la mamá dejó hace años sin preo­cu­parse por ellas. Pero nada puede parar la fuerza y la ale­gría de esta mujer que toca los 50 años y que no puede mas que emanar por todos los poros la ale­gría de vivir.

Ella no puede sino buscar la feli­ci­dad de los otros desde la mañana hasta la tarde. Diga­mos que es parte de su natu­ra­leza.
Y era lo que tra­taba de expli­carme la segunda vez que visité su casa, cuando estaba en cama porque una buena gripe no quería dejarla y porque se había com­pli­cado un poco el cáncer. Me decía entre tos y tos que si el Señor le rega­laba fuerza nece­si­tá­ba­mos ir a visi­tar a Giu­seppe un niño dis­ca­pa­ci­tado que ella escu­chó decir a la mamá que sería bueno que haga como su her­mano la Pri­mera Comu­nión.

Y dicho y hecho. La semana siguiente, cuando había salido de las sába­nas y de la gripe, ahí estaba bus­cán­do­nos en la Parro­quia para que vaya­mos a visi­tar a esa fami­lia.

Ver a Pas­qua­lina me hace pensar que los pri­me­ros cris­tia­nos debían de ser así: nada de miedo, nada de com­ple­jos sino un amor enorme por Aquel que los había trans­for­mado y que no podían mas que comu­ni­car en cada pequeño gesto."


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