• 9 de junio de 2014
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Lucia M., de Jesús María (Córdoba)

Mi nombre es Lucia, cuento con 21 años de vida y millo­na­das de cosas que Dios me otorga desde que fui pen­sada. Joven, espe­ran­zada, tra­ba­ja­dora y estu­diante de la carrera que quiero ejer­cer como pro­fe­sión, la que podrá ser una de mis herra­mien­tas para las metas futu­ras de mi vida -si Dios lo quiere así-: Psi­co­lo­gía.
Vivo en Cór­doba, más pre­ci­sa­mente en la ciudad de Jesús Maria.

No podría decir con exac­ti­tud qué día comenzó o en que pre­ciso ins­tante, pero hubo un pequeño deseo en mí. Comenzó siendo una ale­gría, se hizo un hecho y hoy es un anhelo que grita la nece­si­dad de Cristo: de vivirlo en mis her­ma­nos, en comu­ni­dad y sim­pleza. Se me difi­culta expre­sar todo aque­llo que surge inter­na­mente, pues el len­guaje humano no me basta.

Desde peque­ñas expe­rien­cias ecle­siás­ti­cas me he sen­tido en alianza con Jesús y Maria; junto a ello y en el pre­sente tiempo par­ti­cipo de dos agru­pa­cio­nes de seres mara­vi­llo­sos que pro­mue­ven el cambio, man­tie­nen la espe­ranza y luchan con tra­bajo y ale­gría... ¡no com­prendo la vida en Cristo fuera de esta fami­lia!

Fui criada en el amor, el que siem­pre quise brin­dar a los demás y bus­cando «que mi vida sea un con­ti­nuo acto de amor», como lo expresó Santa Tere­sita, cons­ciente del hecho de que marcho a misio­nar tal como soy, con mis mise­rias, con la pobreza que me carac­te­riza.

En Puntos cora­zón y en lo externo escu­ché decir de dos seres mara­vi­llo­sos:«la mayor pobreza es la sole­dad»; supe expre­sar alguna vez mi creen­cia de que noso­tros, quie­nes esta­mos aquí que­riendo auxi­liar a otros, somo ver­da­de­ra­mente los pobres y a veces pienso que donde sea que Dios me des­tine me encon­traré con gente mara­vi­llo­sa­mente rica.... en amor, más del que yo pienso entre­gar.

Quiero esto, hacer parte de mi vida esta futura misión de amor y escu­cha, de abra­zos y com­pren­sión, de pacien­cia y tole­ran­cia, y que en la ora­ción nos une a todos.
En un cuento de Mamerto Mena­pace supe leer: «No le dijo NO a muchas cosas, le dijo SI a alguien». Este, mi «Sí», es para Dios y su obra de amor: mis her­ma­nos y el ser­vi­cio.
Entre amigos-her­ma­nos y mi anhelo conocí la obra y estoy aquí, cami­nando en ella y el dis­cer­ni­miento.

Si es la volun­tad del Señor par­tiré con ale­gría el pró­ximo año con Puntos Cora­zón.


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