• 26 de junio de 2013
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Brasil: Las «manos» de Jesús

de Valen­tina, en misión en la Fazenda do Natal, Brasil:

Los domin­gos durante la tarde com­par­ti­mos todos juntos un momento de ado­ra­ción. Me senté y el pequeño “Ton­gui” -como lo lla­ma­mos en casa- se sentó a mi lado, debido a su hiperac­ti­vi­dad no pasa­ron cinco minu­tos para que comience a hacer ruidos, caras, jugar con las manos, a bailar… opté por darle mi cua­derno y una lapi­cera para que dibuje. Des­pués de un largo rato dibu­jando me tocó con el codo, yo lo miré y me mostró su dibujo. En la hoja había mar­cado el con­torno de sus manos y en el medio de cada una había un círculo negro, un poco sor­pren­dida le pre­gunté que era ese círculo y él res­pon­dió con un tono como de evi­den­cia “Son las manos de Jesús” y des­pués de un silen­cio agregó “Vale, vos no estás viendo bien…” colocó su mano sobre el dibujo y dijo “son mis manos, como las de Jesús, las de él son peque­ñas como las mías”.

La sor­presa y la admi­ra­ción me deja­ron sin pala­bras, fui inva­dida por su dul­zura, tanto que por un ins­tante no exis­tió nada más que él, no pude dejar de mirarlo, no dejé de mirar a Jesús…
El es Jesús, es Jesús en su ino­cen­cia, es Jesús en su sufri­miento, es Jesús en sus gritos deses­pe­ra­dos de aten­ción.
Tongui es el único que me hace contar hasta 10 para no perder la pacien­cia (no les voy a mentir) pero más allá de eso no puedo dejar de aban­do­nar y olvi­dar todo para dete­nerme en él, para con­tem­plarlo, para ver y amar en él al pequeño “Me­nino Jesús”.


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