• 3 de abril de 2012
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«La única forma de resucitar como hombre nuevo es ir con El hasta el Calvario»

Guillermina, Wede y Rosangela, Brasil 2012

De Nicolás V., misionero argentino en el Punto Corazón de Brasil

Muchas veces estamos llamados a ir más allá de nuestros supuestos límites, y por comodidad o simplemente por falta de coraje no vamos hasta el fin de las cosas. Acompañar a una persona con enfermedad terminal, es decir, sabiendo que el fin de su vida terrena está cerca, no es simple.

Cuando conocí a Rosangela para mí fue bien difícil. Fue una tarde en la que con Guillermina fuimos al hospital para visitar a una persona que ella misma había conocido por “casualidad’’; ahora todos sabemos que esa “casualidad’’ no fue más que la pura Gracia de Dios. Rosangela tiene 29 años y un hijo de 1 año y 9 meses. Hace mucho tiempo que viene luchando contra el cáncer y el SIDA. Voy a ser sincero, tenía miedo, mucho miedo. No de ella, no de sus enfermedades, sino de lo que ella representaba para mí. En verdad él que tenía miedo era mi corazón, todavía tan egoísta.

Mi corazón duro y egoísta prefirió elegir el camino más fácil. Dejar que otros se ocupen y hacer sólo lo necesario para esa persona fue lo más simple. Haciendo eso no corría riesgo alguno de lastimarme…

Pero… el de arriba, ese Padre que deja que sus hijos erren, respetando su libertad, pero mostrando después el camino correcto, me hizo ver la realidad, me hizo verme a mí mismo. ¿Cómo? Del mismo modo que surgen las grandes cosas de la vida: Con un encuentro. Cristo, una vez más, utilizó a uno de los más pequeñitos para revelarse, para mostrar el camino a seguir. Para mostrarme que la única forma de resucitar como hombre nuevo es ir con El hasta el Calvario, morir a mí mismo y sólo así renacer.

Wede tiene un año y 9 meses. ¿Cómo pudo haber producido esta revelación en mi corazón? Sólo Dios lo sabe. Fue en el mismo instante en que Wede me regaló una sonrisa que mi corazón se abrió, y percibí con claridad que, aun siendo difícil, el verdadero amor es aquel que se olvida de sí mismo. Ese fue el momento en que asumí lo que tenía que asumir. Dejándome de lado y aceptando lo que Cristo me proponía... empezamos una amistad verdadera con Rosangela.


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