• 2 de octubre de 2015
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La misión a la imagen de la Eucaristía

Villa Jardin julio 2015

De Darek (Polonia) que termina su misión en el Punto Corazón de Buenos Aires.

Quisiera poner un nombre a todo lo que aconteció durante estos catorce meses. Me viene a la mente solamente una frase: la misión como Eucaristía.
Vinimos a una Iglesia completamente nueva, se llama Argentina, y más específicamente, a Villa Jardín. A la Iglesia habitada gente igual a la de todas las iglesias del mundo, y a la vez por gente nueva – nuestros Amigos. Empezamos esta misión con la señal de la cruz. La empezamos con Dios. Cada día pedimos a Dios el perdón por la falta de paciencia y atención, por todo lo que hicimos contra Su amor y Su voluntad. Pedimos perdón, viendo la grandeza del don que se nos ofrece junto con este lugar. Lo alabamos por su misericordia y bondad. Después, escuchamos las historias de la vida. Las historias de nuestros amigos, como las palabras del Antiguo
y del Nuevo Testamento. Escuchamos las historias que conmovieron nuestros corazones. Aquellas, eran los Evangelios de la Vida de nuestros Amigos. Y esperamos. Esperamos el momento de la adoración, el momento cuando el Dios Bueno nos explica las palabras de los Evangelios que hemos escuchado. Luego, fortalecidos por esta homilía, proclamamos cada día las palabras del Credo. En nuestra casa, en las casas de los vecinos, en las calles: ¨Creo, en un solo Dios…¨. En estos mismos lugares suplicamos aquellos a quienes fuimos enviados. En estas mismas calles, en las casas de los vecinos, en nuestra propia casa recogemos los sufrimientos de las familias, las sonrisas de los niños, las quejas, maldiciones, bendiciones, lágrimas – todo lo que proviene del Dios Bueno. Lo recogemos en nuestros corazones y lo ponemos en el altar. En el altar, en el cual el Dios Bueno lo cambiará todo, y gracias a Su misericordia, devolverá a estas mismas personas una forma totalmente cambiada - bajo las especies de Su Cuerpo y de su Sangre. No nos queda nada más que esperar con paciencia y pedir para que Él reciba esta ofrenda. Junto a este altar nos acompañaba María, siempre rogando a su Hijo. Vimos, que Dios escucha nuestras oraciones y alimenta a aquellos por quienes pedimos.

Hemos dado gracias por la posibilidad de ver y recibir esta ofrenda transfigurada. Seguimos dando gracias… Vamos a terminar nuestra misión en el Punto Corazón Beato Carlos de Foucauld tal como la empezamos, con la señal de la cruz, con el Dios Bueno.


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