• 6 de noviembre de 2014
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San Juan Pablo II: Conquistar las alturas

“Vuestros problemas y vuestros sufrimientos de jóvenes me son conocidos, al menos en una
panorámica general: cierta inestabilidad inherente a vuestra edad y aumentada por la aceleración de los cambios de la historia; cierta desconfianza respecto a las verdades adquiridas, exacerbada por las enseñanzas recibidas en la escuela y el clima frecuente de crítica sistemática; la inquietud por el futuro y las dificultades de inserción profesional; la excitación y superabundancia de deseos en una sociedad que hace del placer el objetivo de la vida; la sensación penosa de impotencia para dominar las consecuencias equívocas o nefastas del progreso, las tentaciones de revuelta, de evasión o de abandono. Todo esto, como vosotros bien sabéis, ha llegado hasta la saturación. Yo prefiero elevarme, con vosotros, a las alturas”.

“El ser humano es un ser corporal. Esta afirmación tan sencilla está cargada de consecuencias.
Por material que sea, el cuerpo no es un objeto como otro cualquiera. Es, ante todo, alguien; en el sentido de que es una manifestación de la persona, un medio de presencia entre los demás, de comunicación, de expresión extremamente variada. El cuerpo es una palabra, un lenguaje. ¡Qué maravilla y qué riesgo al mismo tiempo! ¡Muchachos y muchachas, tened un gran respeto de vuestro cuerpo y del cuerpo de los demás! ¡Que vuestro cuerpo esté al servicio de vuestro “yo” profundo!”.

“El espíritu es el don original que distingue fundamentalmente al hombre del mundo animal y
que le da un poder de dominio sobre el universo”. “Desenmascarad los eslogans, los falsos valores, los espejismos, los caminos sin salida! Yo os deseo un espíritu de recogimiento, de interioridad. Cada uno de vosotros y cada una de vosotras, debe favorecer, según sus posibilidades, la primacía del espíritu e incluso contribuir a resaltar lo que tiene valor de eternidad más todavía que de futuro”.

“Vosotros valéis también lo que vale vuestro corazón”. “Amar es, por tanto, esencialmente entregarse a los demás. Lejos de ser una inclinación instintiva, el amor es una decisión consciente de la voluntad de ir hacia los otros. Para poder amar en verdad, conviene desprenderse de todas las cosas y, sobre todo, de uno mismo, dar gratuitamente, amar
hasta el fin. Esta desposesión de sí mismo —acción de largo respiro— es exhaustiva y exaltante, es fuente de equilibrio. Es el secreto de la felicidad”.

San Juan Pablo II, extractos del discurso, París, 1 de Junio de 1980

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