• 30 de septiembre de 2014
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Italia: «si están cerca nosotros podemos todo»

Mauricio, Punto Corazón de Nápoles

De Mau­ri­cio, en misión en el Punto Cora­zón de Nápo­les:

Assunta tiene 6 años y ya ha pasado por más de cinco ope­ra­cio­nes. Para su corta edad es una gran his­to­ria, que nadie podría ima­gi­nar vién­dola en su casa. Tiene una forma de cáncer que hace que crez­can de forma impre­vista tumo­res que los médi­cos deben extir­par rápi­da­mente.
No es fácil, porque cada vez que esto ocurre son meses y meses de hos­pi­tal, de ais­la­miento porque sus defen­sas son bajas, de viajes a Roma donde el médico que la atiende pre­fiere ope­rarla y hacer los aná­li­sis.
Cuando cada tumor llega, cuando se va a la con­sulta cru­zando los dedos y espe­rando que para Assunta todo esté “al suo posto”, el balde de agua fría es enorme.
Ella no entiende tanto, pero para los papás, para los dos her­ma­nos es como que la sirena del tsu­nami está lle­gando. En ese momento deben ponerse en marcha muchas cosas: ¿dónde se quedan los her­ma­nos? ¿Quién viaja a Roma para la ope­ra­ción? ¿De dónde sacar el dinero para los gastos? ¿Cómo hacer para dar un poco de nor­ma­li­dad y paz a Assunta antes de la ope­ra­ción?... todo un engra­naje se pone en marcha, y por sobre­todo el miedo y la angus­tia que atacan los cora­zo­nes, la culpa y muchas veces la dese­s­pe­ranza que tienen que enfren­tar.

Hace poco más de un mes, todo estaba bien, ya hacía casi dos años que Assunta había sido ope­rada, que todo estaba cami­nado nor­mal­mente. El médico había lla­mado para un con­trol de rutina: con angus­tia y espe­ranza mez­cla­das se pre­pa­ra­ban para ir allí, pero con los planes claros: “As­sunta pre­pá­rate porque el medico te dirá que todo está OK y podrás comen­zar la escuela y por fin vas a poder estar en con­tacto con otros chicos… vas a apren­der a jugar con otros”
Pero el médico no vio con buenos ojos el primer resul­tado de los aná­li­sis y pidió un segundo. Miedo, pero tam­bién para escon­derlo jus­ti­fi­ca­cio­nes para estos nuevos aná­li­sis. Pero las cosas no cam­bia­ron: el tumor creció de nuevo y se pro­pagó en la espalda.

La noche de ese lunes recibí una lla­mada de la mamá de Assunta. No hay deses­pe­ra­ción en su voz, pero me dice que es nece­sa­rio que rece­mos, porque las cosas no se están pre­sen­tando fáci­les. No había más que un pedido: «estén cerca de noso­tros, recen porque esto es más grande que nues­tras fuer­zas y si están cerca la lucha será más fácil, será com­par­tida»

Al colgar el telé­fono, no podía de dejar de mara­vi­llarme delante de la gran­deza de estos amigos, de estos padres, pues delante del dolor el primer gesto que tienen no es de gritar, de tratar de aga­rrár­se­las con todo el resto del uni­verso, sino un grito, el grito de: “estén cerca, recen… porque si están cerca noso­tros pode­mos todo”


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