• 1ro de julio de 2017
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India: campamentos de verano

Extracto de la carta de Paula en misión en Chen­gal­pet (India):

Mayo es el mes en el cual se regis­tran las más altas tem­pe­ra­tu­ras durante el año, por eso los niños no tienen clases y muchas acti­vi­da­des se sus­pen­den durante este tiempo debido al calor. Pero para noso­tros es la opor­tu­ni­dad de ofre­cer­les a nues­tros niños algo dife­rente, unos días en el Jardín de la Mise­ri­cor­dia, pen­sa­dos espe­cial­mente para ellos. Así lle­ga­mos con el primer grupo de niños (entre 8 y 12 años), desde Kasi­mode y Chen­gal­pet, con sus cari­tas llenas de ilu­sión y fuimos reci­bi­dos por la gente del Jardín con mucho amor. Los 3 días pasa­ron muy rápido, con dis­tin­tos talle­res y acti­vi­da­des, muchos juegos y tam­bién los ser­vi­cios dia­rios: cortar las ver­du­ras, lavar los platos o lim­piar el piso. Fue her­moso verlos reír y dis­fru­tar, sin tener que preo­cu­parse por nada, viviendo la infan­cia que se mere­cen, al menos por estos 3 días. Apenas regre­sa­mos, no tar­da­ron en pre­gun­tar: ¿cuándo vol­ve­mos al Jardín? ¿Cuándo es el pró­ximo cam­pa­mento?

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Des­pués fue el turno de los más gran­des (de 13 a 16 años), pero ellos dis­fru­ta­ron 6 días de cam­pa­mento en el Jardín de la Mise­ri­cor­dia. Al verlos con sus uni­for­mes de scouts era impo­si­ble no emo­cio­narse.

Además de los talle­res artís­ti­cos, los juegos inter­mi­na­bles bajo el sol, el espe­rado fogón (con las esce­nas de Maha­ba­ratá, una his­to­ria épica de la India, inter­pre­tada por los chicos) y un montón de acti­vi­da­des recrea­ti­vas, tam­bién dis­fru­ta­mos de una salida a Mama­lla­pu­ram (fuimos al parque y a la playa, ¡sim­ple­mente mara­vi­lloso!). Y durante la com­pe­ten­cia de baile, con Juan, delei­ta­mos a todos con una cha­ca­rera, la nueva atrac­ción del Jardín. Ahora todos quie­ren bailar «the argen­ti­nian dance».

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Al des­pe­dir­los, des­pués de com­par­tir 6 días de diver­sión, rodea­dos de la gente del Jardín, que cocinó para noso­tros y dis­frutó a la par la ale­gría de los niños, ver las caras de feli­ci­dad de cada uno de ellos, niños y gran­des, fue la mejor recom­pensa a todo el esfuerzo y el can­san­cio. Real­mente valió la pena tanto tra­bajo.


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