• 6 de marzo de 2015
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Hna Francisca: de El Salvador a Buenos Aires

Hace algunos días apenas que mis pies pisaron por primera vez esta tierra argentina. Soy francesa y acabo de pasar dos años muy intensos de misión en El Salvador. Vivía allí en pleno campo, en una comunidad con 5 hermanas en medio de una plantación de café.

En esos dos años recibí mucho del pueblo salvadoreño: en medio de las numerosas dificultades de la vida, nuestros amigos son extremadamente valientes, trabajadores y alegres, porque ponen su esperanza en Dios, como lo dice la expresión muy bella y corriente allá: «¡Primero Dios!». Esto lo ilustra muy bien el último encuentro que pude vivir con Araceli y Miguel-Ángel, en compañía de hermana Milagros. El hijo mayor de esta pareja desapareció hace ya un año, secuestrado por la “mara” o por uno de los carteles de la drogas que actúan con rigor en la región. Cuando llegamos en su humilde morada ellos nos hicieron una verdadera fiesta; ofreciéndonos bebida y comida, mostrándonos su proyecto de ampliación de la casa; ¡nada de quejas ni de lamentos! Más aún se percibía el calor de un hogar donde otros tres niños van creciendo. Un sufrimiento, sí, pero una fe que actúa manifestada por una lucha diaria (trabajan los dos cada día conduciendo moto-taxis), una búsqueda sin tregua (pusieron avisos de búsqueda en muchos lugares y continúan tocando a todas las puertas de las oficinas de la policía y de las autoridades) pero por sobre todo el abandono en las manos de Dios de esta situación: como último gesto, me entregaron la foto de su hijo para que continúe aquí rezando por él y por ellos.


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