• 12 de julio de 2012
es

«Entrar en el tiempo de Dios»
Retiro 2012 de la Fraternidad Kolbe

Monasterio Ntra. Sra. de la Esperanza-Julio 2012

«Entrar en el tiempo de Dios» fue la pro­puesta que reci­bi­mos al inicio del retiro que com­par­ti­mos, del 7 al 9 de julio pasa­dos, los inte­gran­tes de la Fra­ter­ni­dad Maxi­mi­li­ano Kolbe de Argen­tina.
El Monas­te­rio Nues­tra Señora de la Espe­ranza, cer­cano a la ciudad de Rafaela en la pro­vin­cia de Santa Fe, apenas llegar nos pare­ció un ámbito pro­pi­cio para acep­tar la invi­ta­ción.
Desa­ce­le­rar el ritmo, tanto del cuerpo como de la mente. Dar lugar a esa quie­tud tan llena de vida, propia del inte­rior del cora­zón. Per­mi­tir que la ora­ción com­par­tida se acople al tiempo, pau­sado y dulce, del Oficio Divino can­tado por las her­ma­nas bene­dic­ti­nas. Al prin­ci­pio con esfuerzo; luego con alivio… al final con devo­ción.

¡Cómo des­can­sá­ba­mos mien­tras dejá­ba­mos de nadar contra la corriente de la ansie­dad y de la prisa! ¡Cómo se abría el hori­zonte de la con­cien­cia para acep­tar toda la riqueza que el retiro nos ofre­cía, de la mano de Her­mana Leti­cia! Su pre­ciosa pre­sen­ta­ción de las cate­que­sis del Beato Juan Pablo II sobre la Teo­lo­gía del Cuerpo nos invitó a pro­fun­di­zar en aquel mate­rial tan vital para noso­tros, cris­tia­nos de hoy.

Y cómo crece el vínculo tanto humano como divino que nos pro­pone la Fra­ter­ni­dad al com­par­tir el silen­cio, la belleza de la música y el cine, la ora­ción del Rosa­rio, la Escuela de Comu­ni­dad, la Euca­ris­tía…
Cómo se acre­cienta esa con­cien­cia de per­te­nen­cia al reci­bir, junto a Hna. Mariana y el Padre Soria, el com­pro­miso maduro y simple de David; y al con­fiar a María Pía la tarea de timo­near nues­tra pequeña barca, ofre­cién­dole cada uno todo su apoyo y ora­ción.

Entrar en el tiempo de Dios… Y ahora inten­tar per­ma­ne­cer en él tanto como nos sea posi­ble. Como María, viviendo su vida coti­diana en una clave de eter­ni­dad. Al fin y al cabo, es lo que el mismo Señor nos enseñó a pedir… ¡así en la tierra como en el Cielo!

Pablo S.

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