• 7 de abril de 2015
es

Entrar en el misterio

Punto Corazón de Cuba, 2014

«Entra­ron en el sepul­cro» (...) No se puede vivir la Pascua sin entrar en el mis­te­rio. No es un hecho inte­lec­tual, no es sólo cono­cer, leer... Es más, es mucho más. «Entrar en el mis­te­rio» sig­ni­fica capa­ci­dad de asom­bro, de con­tem­pla­ción; capa­ci­dad de escu­char el silen­cio y sentir el susu­rro de ese hilo de silen­cio sonoro en el que Dios nos habla (cf. 1 Re 19,12).
Entrar en el mis­te­rio nos exige no tener miedo de la rea­li­dad: no cerrarse en sí mismos, no huir ante lo que no enten­de­mos, no cerrar los ojos frente a los pro­ble­mas, no negar­los, no eli­mi­nar los inte­rro­gan­tes...
Entrar en el mis­te­rio sig­ni­fica ir más allá de las cómo­das cer­te­zas, más allá de la pereza y la indi­fe­ren­cia que nos frenan, y ponerse en busca de la verdad, la belleza y el amor, buscar un sen­tido no ya des­con­tado, una res­puesta no tri­vial a las cues­tio­nes que ponen en crisis nues­tra fe, nues­tra fide­li­dad y nues­tra razón.
Para entrar en el mis­te­rio se nece­sita humil­dad, la humil­dad de aba­jarse, de apearse del pedes­tal de nues­tro yo, tan orgu­lloso, de nues­tra pre­sun­ción; la humil­dad para redi­men­sio­nar la propia estima, reco­no­ciendo lo que real­mente somos: cria­tu­ras con vir­tu­des y defec­tos, peca­do­res nece­si­ta­dos de perdón. Para entrar en el mis­te­rio hace falta este aba­ja­miento, que es impo­ten­cia, vacián­do­nos de las pro­pias ido­la­trías... ado­ra­ción. Sin adorar no se puede entrar en el mis­te­rio”

Extracto de la homi­lía del Papa Fran­cisco en la Vigi­lia Pas­cual de 2015


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