• 6 de marzo de 2015
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Encontrar a Dios en el corazón de la ciudad

Via Crucis en Puerto Madero

Las ciudades presentan grandes oportunidades y grandes riesgos: pueden ser magníficos espacios de libertad y realización humana, pero también terribles espacios de deshumanización e infelicidad. Parece precisamente que cada ciudad, incluso la que se muestra más floreciente y ordenada, tenga la capacidad de generar dentro de sí una oscura «anti-ciudad». Parece que junto a los ciudadanos también existen los no-ciudadanos: personas invisibles, pobres de recursos y calor humano, que habitan en «no-lugares», que viven de las «no-relaciones». Se trata de personas a las que nadie les dirige una mirada, una atención, un interés. No sólo son los «anónimos», son los «anti-hombres». Y esto es terrible.

Pero ante estos tristes escenarios, debemos recordar siempre que Dios no ha abandonado la ciudad; Él vive en la ciudad. (...) Sí, Dios sigue estando presente también en nuestras ciudades, tan frenéticas y distraídas. Por eso es necesario no abandonarse jamás al pesimismo y al derrotismo, sino tener una mirada de fe sobre la ciudad, una mirada contemplativa «que descubra al Dios que habita en sus hogares, en sus calles, en sus plazas». Y Dios nunca está ausente de la ciudad, porque nunca está ausente del corazón del hombre. En efecto, «la presencia de Dios acompaña las búsquedas sinceras que personas y grupos realizan para encontrar apoyo y sentido a sus vidas». La Iglesia quiere estar al servicio de esta búsqueda sincera que existe en muchos corazones y los abre a Dios”.

Extracto del Discurso del Papa Francisco a los participantes en la plenaria del Consejo Pontificio para los laicos, 7 de Febrero del 2015


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