• 29 de enero de 2016
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El último cumpleaños de Inge

Inge y Alina, Viena 2015

El 7 de Octubre del 2015, festejamos los 25 años de Puntos Corazón en Viena. Tuvimos un lindo concierto en el que también festejamos los 80 años de Inge que estaba muy contenta de este doble aniversario. Fue una fiesta bellísima e Inge estaba radiante de alegría, fue su última fiesta. Un mes más tarde, una rápida enfermedad se la llevó.

Conocimos a Inge hace cinco años en un banco del “Prater”, el gran parque de Viena. Hablaba sola y conversaba con el primero que pasaba. Ella nos dijo: “vengo aquí para ver gente y no quedarme sola en casa”. Comenzamos a conversar y la invitamos al Punto Corazón a tomar un café la semana siguiente. Inge respondió enseguida a la invitación y una amistad nació con esta jubilada excéntrica y divertida. Ella nos hablaba de su gran soledad: “solo tengo el club de jubilados, si no, no encuentro a nadie, no aguanto más la soledad”. Rápidamente se sintió a gusto en nuestra casa, pues era capaz de conversar con alguien de paso, con un voluntario en formación o un miembro de la comunidad. Nos dimos cuenta que tenía problemas sicológicos, era bipolar con fases de depresión en donde no salía de su cuarto durante tres semanas y periodos de euforia en donde era incapaz de parar de hablar y de calmar su energía desbordante, saliendo la noche y durmiendo durante el día. (…)

La noche de Navidad del 2012, como había pasado un largo periodo depresivo, vino a cenar con nosotros. Al final de la velada, estaba tranquila y me preguntó qué significaba la Navidad para nosotros y por qué ella sufría tanto de la soledad. Muchas veces ella hacía preguntas sin esperar las respuestas, pero esta vez, el diálogo fue tranquilo y profundo. Me sorprendió que haga estas preguntas porque en Austria la tradición cristiana esta todavía presente y sobre todo en personas de su edad. Descubrí que no estaba bautizada, pues había crecido en un ambiente anti-clerical. A través de mi respuesta, sentí que una puerta se abría y hablamos de la oración, y esa misma noche me pidió el bautismo.

El catecumenado fue un tiempo muy emotivo que duró hasta Pentecostés. (…) Para prepararse venía regularmente al Punto Corazón para rezar, tocando la puerta muy temprano, dejando el auto mal estacionado y sobre todo no queriendo irse cuando le pedíamos de volver a su casa. Una vez después de haber tenido que elevar la voz porque ella estaba tan nerviosa que los vecinos habían llamado a la policía, volvió a la capilla para la oración de la noche y en el momento de las intenciones, dijo esta bella oración: “Señor te pido por el Punto Corazón, para que ellos tengan la fuerza de soportarme”.
El día del bautismo Mónica, nuestra modista, le hizo un bellísimo vestido. (…) Inge estaba muy tranquila y presente durante toda la fiesta. Ver a nuestra Inge abrirse a la oración interior, fue una experiencia muy linda, difícil de describir, porque exteriormente no se ve casi nada, sola la alegría, la esperanza, la consciencia de que todo tenía sentido, hasta sus noches.
En el fondo de su soledad una fuente se abrió. Después de su cumpleaños, cuando se enfermó súbitamente, nos llamó, sobre todo porque su hijo y su familia estaban en el extranjero esa semana. En su rostro se reflejaban la paz y la ternura, falleció mientras rezaba. Nuestra Inge fue un rayo de sol para nuestra comunidad vienesa, un testimonio vivo de que no hay edad para aprender el secreto de la oración. La familia nos informó que ella pidió que se la enterrara con su vestido de bautismo.

P Jacques Bagnoud

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