• 24 de octubre de 2016
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El que recibe a este niño en mi Nombre me recibe a mí, y a Aquél que me envió

Valparaíso, septiembre 2016

De Andrea en misión en el Punto Cora­zón de Val­pa­raíso en Chile:

Hace un poco más de un mes, una expe­rien­cia que nos marcó a todos en nues­tra comu­ni­dad, fue la lle­gada de 3 niños de 10 años a nues­tra casa a las 23hs. Ellos se habían esca­pado de un hogar de meno­res, y su his­to­ria era que que­rían vivir en un árbol, ser como “Tar­zán” y comer cho­co­late y chis­pi­tas para sobre­vi­vir. Los invi­ta­mos a pasar a nues­tra casa para que tomen algo calen­tito, que se queden a dormir, y hacer­les enten­der que 3 niños solos a esas horas de la noche, era muy peli­groso.
Dejar entrar a estos niños, fue real­mente dejar entrar a Dios a nues­tra casa, sentir esa pre­sen­cia de Dios pidiendo un hogar donde poder des­can­sar, donde sen­tirse en fami­lia, donde sen­tirse pro­te­gido y aco­gido. Y no sólo fue eso, sino fue dejarlo entrar en mi cora­zón.

¿Cómo expli­car tanta feli­ci­dad que siento?
Fue gra­cias a todo lo que vivo día a día, a estos niños que me devol­vie­ron a la misión, para saber que ahí es donde uno encuen­tra con­suelo, donde uno encuen­tra fuer­zas para seguir, pero por sobre todo encuen­tra ale­gría y amor. Ver a estos niños que con­fia­ron en noso­tros sin cono­cer­nos, que se dor­mían mirando la Cruz de Cristo, escu­chando una can­ción a la Virgen, y que era sólo eso lo que ellos pedían, lo que ellos nece­si­ta­ban y bus­ca­ban, una simple pre­sen­cia de Cristo, alguien que los AME.


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