• 28 de septiembre de 2015
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El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz

El Papa Francisco en el Madison Square Garden, USA

Saber que Jesús sigue cami­nando en nues­tras calles, mez­clán­dose vital­mente con su pueblo, impli­cán­dose e impli­cando a las per­so­nas en una única his­to­ria de sal­va­ción, nos llena de espe­ranza, una espe­ranza que nos libera de esa fuerza que nos empuja a ais­lar­nos, a desen­ten­der­nos de la vida de los demás, de la vida de nues­tra ciudad. Una espe­ranza que nos libra de «cone­xio­nes» vacías, de los aná­li­sis abs­trac­tos o de ruti­nas sen­sa­cio­na­lis­tas. Una espe­ranza que no tiene miedo a invo­lu­crarse actuando como fer­mento en los rin­co­nes donde nos toque vivir y actuar. Una espe­ranza que nos invita a ver en medio del «smog» la pre­sen­cia de Dios que sigue cami­nando en nues­tra ciudad. Porque Dios está en la ciudad. (...)
Dios vive en nues­tras ciu­da­des, la Igle­sia vive en nues­tras ciu­da­des. Y Dios y la Igle­sia, que viven en nues­tras ciu­da­des, quie­ren ser fer­mento en la masa, quie­ren mez­clarse con todos, acom­pa­ñando a todos, anun­ciando las mara­vi­llas de Aquel que es Con­se­jero mara­vi­lloso, Dios fuerte, Padre para siem­pre, Prín­cipe de la paz.
«El pueblo que cami­naba en tinie­blas ha visto una gran luz» y noso­tros, cris­tia­nos, somos tes­ti­gos.

Papa Francisco, Homilía 25 de Septiembre del 2015 en New York

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