• 14 de noviembre de 2012
es

¡El nuevo Punto Corazón en Japón!

La primera comunidad: Thibault, Anna, Sylvie con su visitador P. Paul y dos sacerdotes amigos.

Puntos Cora­zón acaba de abrir una nueva casa en Japón. P. Paul A. nos cuenta sus pri­me­ros pasos con la comu­ni­dad fun­da­dora:

“Al prin­ci­pio de esa fun­da­ción, hay un encuen­tro, o mejor dicho, varios encuen­tros. Cuando vini­mos con P. Thie­rry en marzo de 2011 encon­tra­mos a varios japo­ne­ses con­mo­vi­dos pro­fun­da­mente cuando les hablá­ba­mos de com­pa­sión. “En este momento de la his­to­ria de nues­tro país es lo que más nece­si­ta­mos", nos decían.
Com­pa­sión por las innu­me­ra­bles víc­ti­mas de la tra­ge­dia natu­ral y nuclear que suce­dió en Japón en marzo de 2011, por los cien­tos de miles de refu­gia­dos a las dece­nas de miles de niños ence­rra­dos bajo con­trol médico. Pero no sola­mente. “Mi padre se sui­cidó cuando se jubiló”, nos confía una mujer. “Por favor vengan a nues­tro país, esta­mos per­di­dos”, llo­raba un estu­diante. El sufri­miento es tal, que “lo que más nece­sita el japo­nés hoy es un lugar donde poder llorar”, nos decía un pastor. En todas partes se podía sentir una inmensa y urgente nece­si­dad de com­pa­sión: com­pa­sión por la viuda y el huér­fano, por el estu­diante y el hombre de nego­cios, por el deses­pe­rado y el soli­ta­rio.

Desde el 8 de octu­bre de 2012 somos una comu­ni­dad de cuatro: Sylvie M., una laica con­sa­grada de Puntos Cora­zón, dos volun­ta­rios y yo, en Sendai, la capi­tal de Tokohu, al lado de las zonas más devas­ta­das por el terri­ble tsu­nami, y la ciudad con uno de los más altos índi­ces de sui­ci­dio en el mundo.
Allí esta­mos ins­ta­la­dos en una pequeña y tra­di­cio­nal casa japo­nesa, situada sobre una colina, entre un orfa­nato y un refu­gio. Cada día, vamos en bici­cleta a la escuela japo­nesa inter­na­cio­nal de Sendai, donde tene­mos clases inten­si­vas de japo­nés. Además de apren­der el idioma, bus­ca­mos abra­zar la pro­fun­di­dad y la riqueza de la cul­tura japo­nesa con su sen­tido único de belleza y res­peto.
Aunque no es una tarea fácil, es el camino para llegar al cora­zón del Japón y plan­tar allí, a través de la amis­tad y la pre­sen­cia, unas semi­llas de espe­ranza."

P. Paul. A.

Silvia, Anna, Thibault y P. Paul al aeropuerto Visita de hna. Teresa y hna. Paula, trayéndonos flores Ceremonia del té en la sala paroquiale Feria anual de la parroquia Niños del orfanato vecino Shinjuku, barrio de Tokyo, el más fashión Thibaud en un ejercicio de diálogo en la escuela de idioma
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