• 6 de mayo de 2014
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El incendio de Valparaiso: testimonio de P. Denis

CC BY Gobierno de Chile

De P. Denis Car­di­naux, miem­bro de la Fra­ter­ni­dad sacer­do­tal Molo­kai en Chile:

Muchos de uste­des mani­fes­ta­ron su inquie­tud y su soli­da­ri­dad des­pués del incen­dio que ha arra­sado la ciudad de Val­pa­raíso el 12 y 13 de abril del 2014, des­tru­yendo más de 2.900 casas, dejando 15 muer­tos y tocando a más de 12.500 per­so­nas que en su gran mayo­ría per­die­ron sus casas y están alber­ga­das en los cole­gios o en las parro­quias de la ciudad.
Durante la semana de la octava de Pascua, los volun­ta­rios de Puntos Cora­zón fueron al lugar del sinies­tro para una misión de soco­rro. Lle­gando a uno de los barrios más devas­ta­dos, encon­tra­ron el siguiente escrito: “Po­de­mos perder nues­tras casas, pero la fe, ¡jamás!”.

Algu­nos encuen­tros:

Mario: La Pascua la más bella de mi vida
Jueves a la noche a eso de las 23:15hs, el telé­fono suena, con­testo, y es Mario. Lo cono­ce­mos desde hace tiempo. Él ha per­dido todo en el incen­dio. Des­pués de algu­nos días, una per­sona le ha pres­tado una casa en el cerro “Varón”. Me dijo: “Hoy a medio­día he comido en el Punto Cora­zón. Ha sido para mí como un nuevo comienzo. Jamás he tenido un almuerzo tan bello. Ha sido algo increí­ble. Creo, mismo si suena raro decirlo, que ha sido la Pascua más bella de mi vida. Hemos per­dido abso­lu­ta­mente todo, pero des­cu­brí de una manera intensa como Dios ha estado pre­sente en mi vida. Sí, es la Pascua más bella de mi vida”.

Fran­cisco: Una Pascua al revés
Domingo de Pascua, subi­re­mos por todo el barrio, pero no será una subida hacia la luz. En silen­cio, poco a poco nos damos cuenta de las dimen­sio­nes del sinies­tro. Al regreso toma­mos un bus gra­tuito que nos lleva a los barrios más pobres, en lo más alto, y atra­ve­sa­mos las cen­te­nas de hec­tá­reas del bosque que fue devo­rado por el incen­dio, como si nues­tros pasos estu­vie­ran guia­dos para abra­zar con una sola mirada todo el drama.

Nos dete­ne­mos junto a Fran­cisco. Un poli­cía jubi­lado. Él pasó toda su vida cons­tru­yendo una linda casa que tuviese la capa­ci­dad de acoger a todos sus hijos. Todo fue que­mado. No le queda nada. Al final de la visita, le pro­po­ne­mos rezar. Apenas un “Ave María”. Y eso parece ser sufi­ciente. Se escu­cha un pro­fundo sus­piro de alivio, como si hubiera espe­rado ese momento desde hacía tiempo. Nos agra­dece de estar ahí, de haberlo escu­chado. Des­pués nos dice: “No se queden mucho aquí. Hay otros que sufren más que noso­tros, más allá es terri­ble, con­ti­núen subiendo, vayan a encon­trar a esas per­so­nas, ellos les nece­si­tan”.

Curio­sa­mente todos los que encon­tra­mos nos hablan de los otros, de los otros cerros que sufren más. Pero aquí todo está devas­tado, no hay nada, sola­mente algu­nas casas se han sal­vado mila­gro­sa­mente. Todos viven el mismo drama, han per­dido sus casas que con tanto sacri­fi­cio han cons­truido. Es parte de su his­to­ria que ha par­tido con el humo. Pero sigue la vida. Hay que comen­zar de cero.

Alex: Los espe­raba
Des­pués de una tarde cami­nando, al momento de partir, cruzo la mirada de un hombre que nos saluda desde lo alto de su muro. Nos invita a entrar en su terreno. Alex nos cuenta su vida. Nos com­parte su arre­pen­ti­miento de haber tra­ba­jado tantos años en las minas de Anto­fa­gasta, de haber sacri­fi­cado su vida de fami­lia para llegar a per­derlo todo así tan brus­ca­mente. Sin embargo agra­dece a la Pro­vi­den­cia, porque des­pués del incen­dio ha podido acer­carse a los suyos y en par­ti­cu­lar a su hija. Des­pués de una corta ora­ción, durante la cual se aguantó para no llorar, nos dice: “Hace días que los espero, que los espero, que los espero. Gra­cias por haber venido. Qui­siera que no se vayan con todo este peso en sus espal­das, pues deben ir a ver a otras per­so­nas que les nece­si­tan”.

Con­ti­nuando las visi­tas
Des­pués de esta semana de misión, los volun­ta­rios de Punto Cora­zón deci­den visi­tar estas fami­lias cada semana. Ahora ellas ten­drán que afron­tar el invierno, la larga recons­truc­ción, los alu­vio­nes en caso de llu­vias inten­sas. Pero todos dicen que están con vida, que sus fami­lias están vivas y que eso es lo más impor­tante. Todos ter­mi­nan ele­vando los ojos al cielo, sin pala­bras – sin falsas pala­bras – y pare­cen decir que Dios tiene todo entre sus manos. Todos afir­man que Él les ayu­dará. Tam­bién mani­fies­tan que este pequeño signo, esta pre­sen­cia muy simple es algo esen­cial y deci­sivo para ellos.

¡A pro­pa­gar! ¡A pro­pa­gar en la sim­pli­ci­dad, en la humil­dad de la nada de nues­tras vidas! Dejé­mo­nos habi­tar por esta frase de Alex: “Los estaba espe­rando, los estaba espe­rando, hace días que espero que pase Cristo”.


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