• 7 de diciembre de 2016
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«Él es de afuera, y me vino a buscar a mí...¡a mí!»

Punto Corazón, Chile, noviembre 2016

Andrés misio­nero argen­tino, nos habla de su apos­to­lado car­ce­la­rio. Punto Cora­zón de Val­pa­raíso, Chile:

Para con­tar­les un poco más sobre mi expe­rien­cia de apos­to­lado en la cárcel quiero pre­sen­tar a un amigo que conocí en mis visi­tas. Entre las carre­tas (fami­lias) que más cono­cía­mos había una que era del Val­pa­raíso, donde muchos de los que esta­ban ahí vivían en nues­tro barrio o cerca de él. Al poco tiempo de llegar, hubo un cambio drás­tico, deci­die­ron cerrar un módulo y repar­tir a todos los con­vic­tos por toda la cárcel. Per­di­mos el con­tacto con todos y desde ese día empe­za­mos a reco­rrer algu­nos módu­los a ver si podía­mos encon­trar­los en sus nuevos hoga­res.

Un día, cuando con Lance empe­zá­ba­mos a bus­car­los en sus nuevos módu­los, ingre­sa­mos a uno donde decían que habían lle­gado al menos 30 con­vic­tos. Al ingre­sar comencé a aden­trarme en el patio del módulo entre todos los con­vic­tos que nos obser­va­ban -muchos cre­yendo que éramos pri­sio­ne­ros nuevos-. En medio de esas incó­mo­das mira­das encon­tré a Damián sen­tado con una cara que demos­traba una enorme tris­teza. Damián dibujó una gran son­risa en su rostro al reco­no­cerme. Al pre­gun­tar qué hacía aquí, le con­testé: “Ce­rra­ron tú módulo, te estaba bus­cando”.

No me alcan­zan las pala­bras para des­cri­bir ese her­moso encuen­tro, se paró inme­dia­ta­mente, con el habi­tual saludo me estre­chó la mano y me abrazó, rápi­da­mente nos llevó a que cono­cié­ra­mos su nueva carreta, pre­pa­rando un banco como siem­pre lo hacía, y empezó a pre­sen­tar­nos a toda su nueva fami­lia.

Sin saber mi nombre, me pre­sen­taba a todos como: “Él es de afuera y me vino a buscar a mí… jajá …¡A mí!”. “Cuando cerra­ron el módulo me vino a buscar ¡Él es mi amigo!”. Les con­taba a todos como sin poder creerlo y con una sor­presa enorme. Como con­tando el suceso más impor­tante de su vida comen­taba a quien veía lo que había pasado.

No podía creer lo que mi simple visita había des­per­tado en él, ¡Qué gracia más grande! Casi sin darme cuenta Dios actuó a través de mí, lo miró con amor a través de mis ojos, lo buscó a través mío. Qué ale­gría más grande haber visto cómo a través de mi imper­fecta pre­sen­cia, sin hacer nada pre­me­di­tado, Dios les dijo las pala­bras justas.

Ahora con el pasar del tiempo esas pala­bras resue­nan siem­pre “Te estaba bus­cando” como tantas veces me buscó a mí…..a Damián....a todos. Ojalá reac­cio­nara de la misma forma que Damián, con­tando a todos con ale­gría, ¡Me está bus­cando!, ¡Me vino a buscar a mí!

Andrés Meriño.


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