• 9 de noviembre de 2015
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El cielo goza, la tierra también

Honduras Compromisos 2015

Com­pro­mi­sos en la Fra­ter­ni­dad Maxi­mi­li­ano Kolbe en Hon­du­ras.

Cinco amigos del Punto Cora­zón de Tegu­ci­galpa com­pro­me­terse con un estilo de vida dado por Dios, que los guía y comulga con la forma de vivir su fe en la vida diaria: una vida basada en la com­pa­sión, guiada por la mirada mise­ri­cor­diosa de Cristo y la de María hacia Jesús al pie de la Cruz, repre­sen­tada de manera con­creta con un rosa­rio diario, una hora de ado­ra­ción sema­nal y un apos­to­lado externo men­sual.

Este deseo de com­pro­me­terse en la Fra­ter­ni­dad Maxi­mi­li­ano Kolbe se pudo al fin con­cre­ti­zar. Los com­pro­mi­sos tuvie­ron lugar durante una misa, el día 19 de Julio del pre­sente año, en el Punto Cora­zón de Hon­du­ras. La misa fue cele­brada por el Padre Patri­cio, un sacer­dote muy cer­cano a Punto Cora­zón desde los ini­cios de la Obra en este país, man­te­nién­dose siem­pre muy fiel en la amis­tad con noso­tros, estando siem­pre pre­sente y pres­tán­do­nos su ayuda cuando la nece­si­ta­mos.

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En julio del año pasado, Sarai F., Orlando C. y Gabriela F. dieron origen a la Fra­ter­ni­dad en Hon­du­ras y reno­va­ron su com­pro­miso por tres años. Orlando se encuen­tra actual­mente fuera del país, pero su esposa Sarai asumió espi­ri­tual­mente el com­pro­miso de los dos. Los tres nuevos inte­gran­tes en esta Fra­ter­ni­dad son: Daniela, Alma y Noé. Daniela y Alma hicie­ron al mismo tiempo su for­ma­ción y se fueron de misión a Brasil y a Perú res­pec­ti­va­mente, y en esta oca­sión ofi­cia­li­za­ron juntas su com­pro­miso con Puntos Cora­zón. Ellas fueron real­mente muy toca­das por la vida que lle­va­ron durante ese tiempo de misión y por ende, deci­die­ron pro­lon­garla en sus vidas coti­dia­nas aquí en Hon­du­ras. Para Noé el carisma de nues­tro movi­miento ha sido una ver­da­dera res­puesta a sus inquie­tu­des y una luz en cuanto a su manera de vivir la fe, y poder acer­carse aún más a Cristo cada día (...)

Noso­tros orga­ni­za­mos un pequeño encuen­tro des­pués de la misa, que con­sis­tió en una cena. Pero estoy segura que la fiesta en el cielo fue aún más grande: ¡tanta gente reu­nida por Cristo y el deseo fer­viente de estos 5 amigos de com­pro­me­terse a ele­girlo a Él como guía de sus vidas y de trans­mi­tir Su mise­ri­cor­dia al mundo!

El cielo goza y noso­tros tam­bién.

María Jesús, misionera chilena en Honduras

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